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Cultura y ocio

‘La noche del mundo’ se adentra por primera vez en la fosa argentina del Pozo de Vargas

El documental está dirigido por Nacho Sacaluga y Fernando Ávila

Esther Peñas / Madrid- 03/02/2016

Sobre la avenida Francisco de Aguirre, en la provincia argentina de Tucumán, se extiende un terreno de unos tres metros y medio de diámetro y gruesas paredes de ladrillo. El Pozo de Vargas, una fosa común que funcionó durante la brutalidad sanguinaria de la Dictadura. Un pedazo de tierra donde arrojaban los pedazos de los incómodos, de los disidentes, de los sospechosos. Una tumba hiriente que engullía despojos de los desaparecidos. Unas vías de ferrocarril de principios del XX la flanquean. Aún transita un tren de carga que une la capital con Tafi Viejo.


Por primera vez, una cámara filma ese pequeño feudo del horror. Nacho Sacaluga y Fernando Ávila han dirigido el documental ‘La noche del mundo’, coproducida por la Fundación Inquietarte y la Universidad Europea, basada en la idea original de Carolina Meloni y envuelta en la melodía conmovedora de Alberto Iglesias.


“Hay pocas palabras que puedan describir la experiencia de bajar al Pozo. Hay que tener en cuenta que la nuestra fue la primera cámara que se adentró en él y que consiguió retratar lo que había ahí”, explica el propio Nacho Sacaluga. ¿Qué había ahí? “El reflejo del espanto, la huella de treinta mil desaparecidos de la dictadura argentina”. “Después, cada una de las  entrevistas que hicimos con los familiares fue sobrecogedora, cada historia, cada una con su particularidades, pero todas concluían del mismo modo: ‘... y un día desapareció’. Gente que salía de la universidad, que iba a trabajar, que regresaba a casa y que, sin embargo... desapareció”.


Desaparecen y aparecen cuarenta años más tarde. En pedazos. No es metáfora. Acaso una siniestra sinécdoque. No aparecen cuerpos enteros porque el Pozo de Vargas ni siquiera era una fosa de primer enterramiento, sino de segundo, “donde iban a parar los restos de quienes previamente habían sido torturados, asesinados y enterrados en otras fosas...”, prosigue Sacaluga, quien, pese a tener experiencia en series documentales de temática social, ‘La noche del mundo’ supuso una lección vital: “por muchos motivas, porque es una historia extremadamente sensible, una historia llena de nombres propios, de historias humanas y, a la vez, es la historia de todo un país, una historia de muerte que duró desde el 76 al 83, por la que aún hay muchas causas judiciales abiertas”.


Las Madres de la Plaza de Mayo consiguieron que todo el mundo conociera su lucha. Pero la memoria humana es frágil en su constancia y son numerosos los narcóticos que extravían. ‘La noche del mundo’ retoma esa voz de las madres a través de un elemento narrativo escalofriante: “...y un día, desapareció”.


En nuestro país sabemos mucho sobre la memoria histórica. O quizás no tanto, todavía hay desalmados que hacen mofa de ella. Pero sólo la consumación de las leyes de memoria histórica permite cierta paz. “El devolver a los familiares a sus desaparecidos, devolvérselos físicamente, restablece y restituye el estatuto de persona; cuando alguien desaparece y se le encuentra, se le devuelve una personalidad jurídica que dejó de tener porque desapareció. A los desaparecidos se los conoce como los ‘NN’, “ni vivos ni muertos” ni vivos ni muertos... en el plano personal, a los familiares se les permite que concluyan el duelo, que cierren un ciclo vital ya con la certeza de que, en efecto, su desaparición terminó en asesinato”, concluye Sacaluga.


Hay un deber moral de saber. Como el propio director afirma, hay historias que pueden contarse y otras historias que han de contarse. ‘La noche del mundo’ pertenece a estas últimas. “Tenemos que saber lo que como sociedad, y no me refiero a un país concreto, hemos sido capaces de hacer para no repetirlo”.


‘La Noche del mundo’ se estrena hoy, 3 de febrero, en la Cineteca Madrid (Matadero), Sala Azcona, a las 20 horas. Posteriormente se podrá ver en la Sala Borau el viernes, sábado y domingo, a la misma hora.

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