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Cultura y ocio

“La clave está en que cada cual reconozca su verdad"

Silvia Rins, poeta

Esther Peñas / Madrid- 30/03/2016

Perseguir un deseo, cabalgarlo, dejarlo atrás. El mañana, el hoy que ya deja de serlo, lo que fue y es mirado. El tiempo objetivo. El tiempo connotado desde la experiencia. Lo que trasciende. El cuerpo y el placer que recibe, que provoca, que exige. La reencarnación de los mitos, en ropa interior. Una implacable concesión al hecho poético. De ahí, ‘Apología de las sombras’ (Devenir), de Silvia Rins (Barcelona, 1971).

 

¿Qué fascinación ejercen las sombras para dedicarles una apología?


La sombra ha intrigado al ser humano desde el inicio de su historia, y en las diferentes culturas siempre ha tenido un poderoso simbolismo. Las sombras se oponen a la luz, obstaculizan su camino, pero por otro lado aluden a la irrealidad de la imagen, al mundo de lo fugaz, lo inmaterial y lo desconocido, de ahí que nos resulten a la vez tan seductoras y tan inquietantes. 

 

¿Cómo saber si algo en el poema pertenece a la luz o es territorio de lo inconsciente?


Es difícil de saber, ya que en el poemario la búsqueda de la luz se lleva a cabo inevitablemente a través de la exploración de las sombras. Como dijo Henri Barbusse: “La sombra no existe. Lo que llamas sombra es la luz que no ves”. Me interesaba partir de la definición de Platón en su mito de la caverna como metáfora del mundo sensible. En él se describe a un prisionero que  cree que la realidad son las sombras que se proyectan en una pared. Para Platón, el ser humano, a través de los sentidos, apenas puede percibir simulacros de las cosas. ‘Apología de las sombras’ da un giro a esta idea y la hace evolucionar. Nos muestra cómo en la experiencia amorosa lo concreto, lo cotidiano, lo carnal, es lo fundamental.

 

‘Encuesta: todo lo que usted intuía sobre la palabra sexo y nunca se le ocurrió preguntar y menos convertir en poema’. ¿Cualquier asunto es susceptible de ser materia de poema?


Considero que el asunto no es determinante y que a cualquier género, forma o vocablo se le puede dotar de valor poético. En el caso de este poema, cuyo título parafrasea el de una película de Woody Allen, se plantea una encuesta donde personas de diversas edades y personalidades definen el sexo, para demostrar que no hay una única definición válida. Porque este libro no busca una verdad única, pero sí pretende acercarnos a muchas verdades particulares en momentos determinados. La clave reside en que cada uno de nosotros sepa reconocer cuál es la suya.

 

Para que un poeta “perdone los crímenes como un buen samaritano”, ¿qué hace falta?


Que ame incondicionalmente, como en ‘El enamorado’. En este poema recreo un amor absoluto inspirado en el amor cortés, pero que lo sobrepasa: un amante capaz de hacerlo todo por su amada, de convertirse en su esclavo, sin límites y sin reglas. Es un magnífico ejemplo del diálogo irreverente que se establece en ‘Apología de las sombras’ con la tradición de la poesía amorosa. ¿Cómo no percibir el eco de Quevedo en el verso: “tonto seré mas tonto enamorado”?

 

“La interjección es un terremoto breve que hace que todo se ponga a temblar cuando te corres en mi oído”. ¿Dónde colocamos la línea entre lo erótico y lo pornográfico?


La línea puede ser en ocasiones sutil, pero es posible trazarla. La frontera entre lo erótico y lo pornográfico reside en el tono y la metáfora. En este poemario hay una carga fuerte de erotismo en poemas como ‘Oda a un caballero moderno’, ‘Noche oscura del ano’ o ‘Elogio de la masturbación’, sin embargo, no los calificaría de obscenos. Aunque se habla de sexo de manera explícita, siempre hay una elaboración lingüística del motivo que hace más seductor lo que se insinúa que lo que se afirma. El cuerpo es algo natural y a la vez sagrado. El sexo un rito iniciático o una experiencia religiosa. No describe solo la carne, sino la espiritualidad que bajo ella subyace.

 

“Como si ayer no existiera ni anteayer ni el otro ni mañana”. ¿Cuál es el tiempo de la poesía?


La poesía aspira precisamente a trascender el tiempo. No obstante, en este libro encontramos una confluencia de diversas dimensiones temporales. En la I parte, ‘Epístola elevada al infinito’ se suele hablar en condicional, subjuntivo o futuro, como corresponde a la etapa del enamoramiento y la conquista del ideal; la II parte, ‘Bacanales a la sombra del fuego creador de sombras’, celebra la pasión en un presente festivo y perpetuo; mientras que en la III Parte, ‘Receta del quinto estado de la materia’, predomina el pasado, ya que nos hallamos en el terreno del recuerdo, el rencor o la nostalgia. ‘Apología de las sombras’ describe, de hecho, el ciclo temporal de la vivencia amorosa, que en un eterno retorno nietzschiano, únicamente acaba para ser susceptible de volver a empezar de nuevo.

 

¿Cuándo urge “salir del laberinto hacia donde una mentira nos espera”?


El laberinto, el camino, la autopista, son imágenes recurrentes en el libro, que evocan la búsqueda incansable de sentido para nuestra existencia. Creemos que una vez encontremos la salida del laberinto hallaremos la respuesta que buscamos, pero no es más que una falacia: nada hay al final del recorrido, lo importante está en la experiencia del viaje, es decir, en aprovechar cada momento de nuestra vida.

 

En el poemario conviven poemas en verso con breves composiciones en prosa. ¿Qué relación se establece entre ambas?


‘Apología de las sombras’ plantea un juego formal muy interesante, al alternar poemas en verso con las llamadas “refutaciones”, textos en prosa que parodian, tergiversan o apuñalan las ideas platónicas con ironía y humor corrosivo; hasta el punto de que hay un momento en que las diferencias entre ambas se anulan y sólo queda la palabra poética trascendiendo cualquier molde o forma. Para mí ahí reside la esencia de la palabra poética, en su capacidad para ir más allá del lenguaje meramente informativo y utilitario, haciéndolo capaz de crear nuevas realidades, ideas o sentimientos en la mente del lector. Sobre todo, en su poder para impactar.

 

Aspirar a ser el “hueco de tu obra” ¿es aspirar a demasiado?


Diría que es conformarse con poco, pero para aspirar a ser un hueco, una ausencia, también hay que merecerlo. Cuando renuncias a amar a alguien, a formar parte de su vida, sea cual sea el motivo, pervivir en ese vacío omnipresente que ofrece la literatura es lo último que queda.

 

¿Por qué utiliza ilustraciones en el poemario? ¿Qué completan del poema?


Ha sido un placer contar con los dibujos de Antonio Beneyto, artista por quien siento una gran admiración. Siempre me han fascinado sus criaturas antropomórficas y  multiformes, creo que se adecuan muy bien a la pluralidad de voces del poemario. No sólo contribuyen a embellecer la edición, también enriquecen su lectura, aportando un valor simbólico suplementario a los poemas. El libro ya juega con la disposición de líneas y espacios –con algún guiño a la poesía visual- pero en el caso de la ilustración que precede al ‘Epílogo’, por ejemplo, se crea incluso una simbiosis entre texto e imagen: “lo que queda detrás de la dispersión” es la página en blanco, pero detrás de ella se transparenta el cuerpo concreto, el mundo de los sentidos, la divina materia. Y ese es precisamente el momento en que las sombras se disipan.

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