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Cultura y ocio

“La Movida fue un fenómeno demasiado amplio, que aun hoy se resiste a ser encorsetado”

Beatriz Alonso Aranzábal, psicóloga y cineasta

Esther Peñas / Madrid- 18/05/2017

‘De un tiempo libre a esta parte’. Con este título, Beatriz Alonso Aranzábal ha realizado un documental sobre La Movida, de la que ella misma fue arte y parte, como espectadora y como miembro del grupo ‘Los Monaguillosh’. La novedad, lo que se agradece, es que en esta ocasión las voces sean otras, como distintos también son los punto de vista y los grupo representados. Rafa Notario, de ‘Ángeles Caídos’ y después de ‘Lunes de Hierro’; Arturo Lanz, de ‘Aviador Dro’ y ‘Esplendor Geométrico’, o Joaquín Rodríguez, de ‘Los Nikis’ van zurciendo cómo se reunían en torno a los fanzines, cómo reunían el dinero suficiente para comprar la primera guitarra, qué música sonaba en los conciliábulos donde se gestaba la Movida, cómo surgían los conciertos y de qué modo casi se improvisaban…

 

¿Cómo ha cambiado el ritmo del tiempo desde entonces a ahora?


La percepción de los ritmos tiene que ver con las circunstancias personales de cada cual. Por un lado, veo el paso del tiempo muy vertiginoso, porque hay un alud constante de noticias, interesantes o irrelevantes, que marcan el día a día y al que no nos podemos sustraer. A menudo me siento absorbida por cuestiones que me distraen de lo que antes hacía cuando encontraba, que lo encontraba, un rato de calma y concentración. También la edad condiciona, y te sorprende comprobar el tiempo que ha pasado desde lo que te parece que fue ayer. Creo que actualmente tenemos una sensación de ritmo vertiginoso.

 

Con ‘La Movida’ sucede, salvando distancias, lo mismo que con el 27, que hay un cestillo de nombres (El Zurdo, Carlos Berlanga, Ordovás, Alaska, radio Futura) pero son muchísimos más quienes la hicieron posible, y a muchos de ellos son a los que los ha dado la palabra.  ¿Qué criterio has seguido para convocar a unos y no a otros?


Me daba cuenta, leyendo prensa y después comentarios en las redes sociales, de que lo que vivimos muchas personas en la transición democrática en España se estaba desvirtuando, caricaturizando, ignorando o abiertamente despreciando. Ocurría incluso que nuestras voces se cuestionaban, que gente de cualquier parte del mundo opinaba y ponía en duda datos veraces de quienes fueron testigos. Supongo que habrá pasado con otros hechos históricos, culturales, etc., pero nunca antes, como en el siglo XXI, tanta gente ha tenido la oportunidad de transmitir sus ideas por muy infundadas y falsas que sean (y con tanto eco). Me propuse preguntar directamente a quienes sabía que estuvieron ahí porque los vi con mis propios ojos, y porque tenía constancia de su participación, ya sea como creadores o como espectadores y sobre todo como ambas cosas. Para escoger a esas personas pensé en miembros de grupos que no fueran de los más renombrados ni de los que han trascendido, y que no fueran únicamente los cantantes, sino guitarristas, teclistas, baterías, etc. También pensé que no preguntaría a personalidades destacadas que ya han sido entrevistadas en muchas ocasiones: sólo preguntaría a quienes eran adolescentes, porque quería transmitir la excitación con la que crecimos a finales de los 70. Y sobre todo quería preguntar a las chicas que, junto con los chicos, estábamos compartiendo codo con codo toda una euforia musical.

 

¿Cuántos se ha quedado fuera?


Muchísimos. En realidad, el fenómeno musical y creativo fue tan amplio e intenso como breve y efímero (lo cual no le resta valor). A través de las redes sociales he ido contactando con la mayoría de ellos; poco a poco todos hemos ido “reapareciendo”. Mi mirada ha sido muy limitada, porque en sesenta minutos no se puede abarcar mucho. Pero con los testimonios recogidos, de quince personas (yo incluida), mucha gente se ha podido sentir identificada. Creo que son testimonios veraces y honestos, y además bastante universales. Ser adolescente es lo mismo en cualquier época.

 

¿Habrá segunda parte? ¿Cuál ha sido la mayor satisfacción de realizar tu documental?

Para que hubiera segunda parte tendría que tener apoyos y soporte, me costó un gran esfuerzo económico y personal sacar adelante mi proyecto. Pero las satisfacciones están siendo muy grandes, tanto por los comentarios elogiosos de quien lo vivieron y de quienes lo descubren ahora, como por haber logrado mi objetivo de transmitir la emoción y excitación de mi generación y, de esta manera, haber hecho un homenaje a mi adolescencia musical.

 

Supongo que la idea de rodar un documental sobre el estado anímico de lo que supuso La Movida vendrá de antaño. ¿Por qué ahora?


En mi cabeza rondaba la idea de preguntar, de indagar, de saber qué vida llevaban las personas con quienes había compartido aquella época y qué lugar conservaría la música en ellos. Llevaba mucho tiempo así, pero siendo mi trabajo ajeno al mundo audiovisual tardé en reunir valor y fuerzas para lanzarme a esta aventura. Inicié el rodaje a finales del año 2013, grabamos durante cinco jornadas sueltas, y después la postproducción finalizó en 2015. Es ahora, en 2017, cuando he lanzado el DVD a la venta.

 

¿Cuál ha sido la acogida de los grupos ‘oficiales’ de La Movida?

Creo que los grupos como tales ya no existen, si te refieres a eso. He recibido el apoyo, tanto para el proyecto como luego para su difusión, de personajes clave de la movida como Ana Curra, Nacho Canut, Edi Clavo, Fernando Márquez, y muchísimos más de otros grupos. He recibido también el apoyo de los grandes locutores y críticos musicales de la época como Jesús Ordovás, Julio Ruiz, Rafael Abitbol, Diego Manrique, Jesús R. Lenin, etc. Este mes de mayo, además, han incluido una interesante reseña en la veterana revista Rockdelux.

 

¿Cuál fue la principal aportación de todos esos grupos de La Movida?


La frescura, la espontaneidad, la búsqueda de estéticas y atmósferas, la creatividad que surge entre personas de distinta índole y procedencia. De todo aquello ha quedado la música, los vídeos, los fanzines, las letras de las canciones, las “pintas” que llevábamos, la actitud… que de alguna manera caló hondo en nosotros y conservamos en mayor o menor medida.

 

¿Se puede hablar, hoy en día, musicalmente, de herederos de La Movida?


No lo sé. Estoy bastante desconectada.

 

Hay algunos grupos, incluido el tuyo, de los que apenas quedan testimonios sonoros, gráficos, que se sustentan por la memoria colectiva de quienes vivieron aquel momento, ¿cómo los rescatarán las generaciones posteriores?


Todo queda flotando en el limbo de internet. Yo misma había dejado de escuchar y recordar nuestra propia música, y la de otros muchos grupos, con sus discos o maquetas, hasta que poco a poco se fue “subiendo” todo ese material a youtube. Por suerte, mi grupo participó en varios programas de televisión, y además tocando en directo, lo cual ha permitido que muchas canciones sigan existiendo, ya que no se grabaron en vinilo. ‘Los Monaguillosh’ publicamos un EP de 3 canciones y un single, con la compañía independiente Dos Rombos, en el año 1983. También fue muy importante la labor de varios fotógrafos que captaron toda esa efervescencia en las calles de Madrid, como por ejemplo Miguel Trillo, que aun sigue retratando adolescentes y sus “pintas” en diferentes países.

 

¿Cuáles son, a tu juicio, los grupos sin los que no se entendería La Movida?


Me temo que la lista sería muy larga. La Movida fue un fenómeno demasiado amplio, con muchos matices y muchos estilos, que aun hoy se resiste a ser encorsetado.

 

¿Qué elementos propiciaron una eclosión tan brutal de creatividad, de libertad formal?


Supongo que el momento histórico, la llegada de la democracia, la emoción a nivel general por las elecciones parlamentarias y los cambios que se vivían, las ganas de romper esquemas y moldes, de dejar atrás lo antiguo y explorar la modernidad, los efluvios punk que llegaban de fuera de nuestras fronteras… la música era nuestra excusa para encontrarnos y disfrutar de todas sus posibilidades (ensayos, conciertos, fiestas).

 

Desde entonces, ¿en qué ha mejorado y empeorado a música española?  

 
Fue una época en que se hacía música sin ser músicos (la técnica para algunos llegaría después), y que servía como forma de expresión artística y de comunicación. Duró poco tiempo, pero fue muy fructífera: quedan muchos experimentos musicales de gran interés, así como canciones inolvidables.  No se deben hacer comparaciones, sino rescatar en cada momento las aportaciones valiosas, aquellas capaces de producir fuertes emociones. Esa es la búsqueda que todo artista hace, o debería hacer.

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