Última actualización: 18/10/2017, 15:02
Solidaridad Digital está elaborado por Inserta

Cultura y ocio

“Estamos viviendo la Edad de Oro del narcisismo”

Juan Vicente Piqueras, poeta

Esther Peñas / Madrid- 11/10/2017

Narciso era un joven bellísimo que murió mirando arrebatado el reflejo de su propia imagen en las aguas de una fuente. Esto lo saben. Después, una blanca flor (aunque también hay variedades amarillas y anaranjadas) creció habitando su lugar. Un mito que nos explica. Una eternidad después. El poeta Juan Vicente Piqueras (Valencia, 1960), lo retoma en su último poemario, ‘Narciso y ecos’ (Vandalia), ahondando en el origen de la herida e iluminando territorios que nombran a Narciso: la soledad, el amor, la comunicación.

 

¿Por qué retomar el mito de Narciso justo ahora, en este momento?

Considero que nunca como hoy ha tenido tanta vigencia. Estoy fascinado, como sabes, por la mitología griega, ya es un asunto que abordé en ‘Atenas’, pero en concreto el mito de Narciso, que me entusiasma, sobre todo en su versión de Ovidio, es de máxima actualidad. Estamos viviendo la Edad de Oro del narcisismo y muchos de los problemas personales y sociales que tenemos nacen de esa obsesión por mirarnos a nosotros mismos y de esa incapacidad de saber que el otro es un yo, y tienen sus razones, su corazón; hemos perdido la capacidad de comunicar, y esa incomunicación es la que lleva a Narciso a desfallecer y morir a orillas de la fuente, a esa soledad extrema. Creo que sí, contemporáneamente es un problema serio; he intentado abordado desde distintos puntos de vista, como libro de poemas, de aforismos, como un tratado, un conjunto de reflexiones, y al final el libro es un híbrido, un anfibio, entre aforismos, pensamientos, versiones, narraciones y poemas.

 

Muy bien traído lo de poemario anfibio…


En mitad del agua, claro…

 

¿Qué hemos de aprender de este ser a quien “los espejos llaman por su nombre”?

Que la puerta de la felicidad se abre hacia fuera y que en la soledad nos decimos verdades absolutas que luego no lo son tanto porque solo el otro nos da una imagen más próxima de nosotros mismos; los espejos, las aguas en las que nos reflejamos, el ‘yo mismo’, el ‘mí mismo’,  el ‘yo ya me entiendo’, esa frase tan española, como si el problema es que te entiendas tú. Este poemario es una defensa de la comunicación y del amor, temas cada vez es menos contemporáneos. Hay un miedo al amor, a acercarse al otro por no sufrir, por las heridas acumuladas, que sin darnos cuentas estamos haciendo grandes esfuerzos hacia la soledad. Hay una deriva al narcisismo y ese es el aviso que quiere dar el libro.

 

Le devuelvo en forma de pregunta unos versos, ¿el que no sea Narciso que tire la primera piedra?


El hombre contemporáneo vive entre espejos, entre escaparates, haciéndose fotos a sí mismo mientras el mundo cae y las constelaciones siguen allá arriba. Las redes sociales han multiplicado el efecto de inmadurez implícito en el narcisismo; es un mal contemporáneo y un problema de identidad serio.

 

¿Hay una porción de narcisismo recomendable?

Con el narcisismo ocurre, acaso, como con el colesterol, que hay un colesterol bueno y uno malo; un poco de narcisismo es necesario, quererse a sí mismo es bueno, cuidarse a sí mismo, darse la atención que uno merece y abandonar la renuncia y el sacrificio vano, barato. El problema es que Narciso no se quiere, está enamorado de su imagen, hasta tal punto que se abandona y fallece, no se da. Quererse a sí mismo pasa por querer a los demás. Sin los demás todo es soso, la voz de los demás, la opinión de los demás, la contradicción de los demás es la sal de la vida, ese es el comunicado.

 

Tal vez nos iría mejor se repensásemos con más frecuencia los mitos que nos explican.


Nuestra cultura hunde sus raíces en la cultura grecolatina, en los héroes y en los dioses griegos, pero, como decía Jung, los antiguos dioses son nuestras enfermedades: Narciso se ha convertido en narcisismo, Edipo en el complejo de Edipo, etc. Están muy vigentes, no nos entenderíamos sin la mitología griega.

 

Que recuerde, los últimos grandes mitos fueron Frankenstein y Drácula. ¿No tenemos capacidad para crear nuevos?


Quizás eso que apuntas habla de una época muy débil, incapaz de crear mitos. Los creamos, por hablar del caso español mitos como el Quijote o don Juan, aunque hubo otros, y los que menciona ya fueron los últimos, también lo creo. Quizás esté a punto de aparecer un gran mito que encarne a nuestra época, un narciso poliédrico; quizás esté naciendo, pero me temo que nuestra época es muy débil como para crear un mito poderoso, más bien aspira acaso a pequeños fantasmas, a mitos de bolsillo en todo caso.

Compartir
icono de facebook para compartir icono de facebook para compartir

Comentarios

No hay comentarios asociados a la noticia

Tu comentario

Solidaridad digital financiado por fundación ONCE y Unión Europea