Última actualización: 22/02/2018, 13:06
Solidaridad Digital está elaborado por Inserta

Cultura y ocio

“Somos en relación”

Ernesto Uría, poeta

Esther Peñas / Madrid- 18/01/2018

Hay amantes que, quebrado el vínculo, tratan de despedazar a quien dijeron amar, y no fue amor. Amantes que sospechan, amantes que anteponen la razón a la ternura, amantes sin humor, incapaces de escuchar, de mirar. Pero también amantes que encuentran el territorio exacto en el que seguir avivando el amor, de otra forma. Como los que describe Ernesto Uría en su último poemario, ‘Cuatro tintas del aire’ (Cuadernos del laberinto), donde la voz del poeta ama con alegría.

 

¿Qué convierte esas “sábanas de sueños” de los amantes en “sudarios de seda”?

 

Hay una propensión cultural en Occidente a tapar las manifestaciones activas de lo que damos en llamar la intimidad, más aún las relaciones: velos, ropajes, sábanas, mantas, cortinas, biombos, puertas, etc. Oculta la intimidad ajena, surge el  enigma, objeto de interés, deseo, la inevitable noción de transgresión del pudor institucionalizado. Magritte, en sus dos cuadros que denomina ‘Los amantes’, cubre sus rostros, la parte que normalmente queda al descubierto. Ya no son las personas retratadas, ya pueden ser cualesquiera bajo esos paños. El Carnaval, fenómeno  limitado a unas fechas y circunstancias concretas, se transforma en un hecho cotidiano y posible, accesible para todos. Los paños  podrían ser considerados sábanas de sueños, alfombras voladoras que todo lo alcanzan, vendas, sudarios.

Distintas telas para subrayar o disimular el estado de la relación. No se trata tanto de transformar unas telas en otras por arte de magia. Y mira que la magia tiene que ver con el tema, sino de disponer de una gama de opciones según los casos, una casuística por lo demás digamos que ilimitada.

 

¿Cómo se reconocen los amantes?


Habría que preguntarles. Para mí es un misterio que no estoy seguro saber adjetivar. Conocer, reconocer. Resultan fascinantes los personajes de los dramas de Chejov, que, como nos enseña Irina, miran a alguien que a su vez está mirando a otra u otro.

 

“Y ser otro por fin/ al menos un instante”. ¿Cuántos ‘otros’ es el poeta?


Somos en relación. El poeta lo sabe y se afana para ser otro, otros: uno, ninguno, cien mil, estimaba Pirandello. A este respecto, déjame recordar, ya estoy en la edad, que en los años setenta, concluida su formación en Alemania, Jose Luis Gómez regresó y nos impactó con propuestas muy innovadoras, por lo tanto inquietantes. Una de ellas giraba, creo recordar, en torno a la figura de Gaspar Hausser, un joven que había crecido y vivido aislado de los demás, en un bosque, años y años. El único pensamiento que llegaba a verbalizar, si no me equivoco, -la memoria se adueña de todo y lo mezcla y estruja como le parece- rezaba así: "quisiera ser solo aquel que ha sido otro una vez". Décadas después, cuatro quizás, nada que añadir.

 

El poema ¿tiene más de duelos o de azares?


Imagino que a gusto del consumidor, o de quien escoja los ingredientes. Por emplear la terminología gastronómica, tan al uso en estos tiempos y pagos, uso y abuso. Que no tiene pinta de decaer, me temo. El azar es un ingrediente indispensable, bendito sea, aunque en algún momento pueda llegar a empachar. El duelo también forma parte de todas las dietas sanas al respecto, eso sí, sin quebrantos añadidos. Como postre, contribuye a paliar estados de indisposición, excesos, etc., y propicia en consecuencia una mejor digestión.

 

¿Qué “hacer con el amor”?


Te diría de entrada que debería escribirse siempre con mayúscula. Más en serio, pregunto eso mismo en un poema, bien lo sabes. Si alguien supiera y quisiera compartir la respuesta... El amor, como  la vida, nos llega y se va. Mientras tanto, ay, mientras tanto. Todo parece bastante desastroso, mejorable.

 

“Qué poco importa el orden”. ¿En qué momento importa?

 

Viene a cuento esta mención. Hay todavía muchas personas que creen que el orden ayuda, incluso quienes sostienen que es imprescindible para el buen gobierno y aledaños. Quizás sea así. Se requiere cierto orden, pongamos por caso, para hacer una maleta para un viaje corto, donde todo lo que importa está ya establecido. Tras un orden rutilante, ejemplar, admirable, la historia nos enseña que entre los prescriptores o detentores proliferan el caos, el desbarajuste aquí o allá, la arbitrariedad, la corrupción. Y entre los llamémosles “ordenados”, la desconfianza, la desesperación, el miedo. Vamos, que no soy muy partidario, como decía un chiste antiguo a propósito de otro tema. Y como concluía Lope su soneto magistral sobre el amor: “quién lo probó lo sabe”.

 

El amor que invita a “quererse sin paz”, ¿es más intenso o está abocado a la locura?


Intenso, sí, creo que es más intenso, aunque yo diría que más que invitar, incita. Lo de abocado a la locura, probablemente, tal vez desde el comienzo, y me refiero a la relación propiamente dicha, no a los protagonistas de la misma, que contribuyen a su génesis y desarrollo, claro. En terapia sistémica, al tratar parejas, a veces se añade una tercera silla, para señalar la relación como objeto de la mirada y la atención del proceso terapéutico.


La segunda parte del libro resulta la más corpórea. ¿De qué modo se hablan los amantes a través del cuerpo?

 

El poemario habla más de relación corpórea, como dices, en la última de sus cuatro partes, ‘Poemas del agua’. Al fin y al cabo, somos agua y algo más. En esta evocación, la memoria ha resultado una cómplice brava y maravillosa. Los cuerpos, claro que se hablan .Y si hay disposición, confianza, ganas. Se lo cuentan todo, de principio a fin. El cómo sería casi lo de menos, se apañan, cada cual a su modo y pocos afanes hay más gratos. Volvería a la cita de Lope.

 

¿Cuál es el miedo y el valor que se imprimen en el amante?


Esta última pregunta, tal y como resuena, nos conduciría al abordaje de la complejidad, sendero que he intentado soslayar en las preguntas previas, por razones de espacio y también porque no me siento capaz de salir airoso de un esfuerzo de síntesis de conocimientos que obviamente me superan: biología, biografía, la de cada uno y la del conjunto de la humanidad. La memoria que somos y transmitimos. Yo soy solo un poeta de tantos como hay, habrá o han sido, uno más, gracias a Dios. El miedo y el valor, que no se separan nunca, aunque el segundo pasa mucho más desapercibido, forman parte de nuestro oficio de escribir, de amar, de vivir.

 

Ernesto Uría presentará hoy, 18 de enero, su poemario ‘Cuatro tintas del aire’ en el salón de actos de ONCE (calle Prim, 3, Madrid), a las 19.30 horas.

Compartir
icono de facebook para compartir icono de facebook para compartir

Comentarios

No hay comentarios asociados a la noticia

Tu comentario

Solidaridad digital financiado por fundación ONCE y Unión Europea