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Cultura y ocio

Lostalé o el misticismo de lo ausente

El poeta presenta su último poemario, ‘Cielo’

Esther Peñas / Madrid- 14/02/2018

El amor no puede amarse a sí mismo en nombre de otro. Pero puede amar aunque el sujeto amado no responda, no escuche, no atienda. Aunque no esté. Aunque acaso no estuviera. El amor puede recibir el daño, el dolor, el odio y seguir ofreciéndose. El amor sostiene. De todo ello habla ‘Cielo’ (Fundación José Manuel Lara), el último poemario de Javier Lostalé (Madrid, 1942), una entrega en la que lo transparente, la invisibilidad y el borrarse presiden.


Sin renunciar a una sensualidad inmanente (propia de los místicos), encontramos a un Lostalé capaz de transformar la pérdida del ser amado en trascendencia. “Es interesante esto que dices… desde luego hay pérdida, pero también existe el deseo de trascender esa pérdida y convertirla en algo que sea fuente de vida. Desde las pérdidas y desde lo ausente se puede generar una vida, una vida profunda. Es muy interesante este planteamiento, la pérdida por un lado y la trascendencia... La búsqueda siempre de lo esencial, a través de un borramiento de mí mismo, de un borrarme yo, ese yo que está más presente en libros anteriores aquí he intentado que desaparezca, quiero borrarme. Al tiempo, como apuntas, en el poema se da el amor de los cuerpos, manteniéndose, al menos lo intento, la sensualidad, porque lo físico tiene mucha importancia, coincido con Vicente Aleixandre cuando decía que la única manera de llegar al alma es a través del acuerpo. Aunque la presencia física del cuerpo amado se da a través de la emanación, la soledad sentida, la desposesión”, explica el poeta.


Amar lo que no se tuvo, lo que no fue, lo que ya no está. ¿Generosidad, mística, supervivencia, amor hasta el extremo? “Generosidad, en mi caso, no creo, actuar así por generosidad solo es propio de gente muy especial… amor extremo, como dices, sí, desde luego. También hay algo de supervivencia, la escritura nos ayuda a ser supervivientes porque está en contacto con otros mundos y con una vida real más allá de la realidad. Y asimismo se da esa dimensión mística que apuntas, que para mí es muy interesante. Mística, además, como san Juan, en el sentido de que es una poesía que va más allá del cuerpo pero a la vez tiene el erotismo”, continúa Lostalé.

 

Erotismo entendido como energía fecundante, como camino (puente) que nos mantiene vivos y abiertos a los demás.


Dos poemas se centran en esa sensualidad explícita, ‘Baila’ y ‘Nuca’. “Ambos tienen la idea de la consumación; consumarse en la persona amada es algo fundamental. En este libro, además, hay consumación de vida. Hay, al menos una pretensión, máximo interior de consumación”.


Lostalé ha tendido desde su primer libro, ‘Jimmy, Jimmy’, a lo austero, poco amigo de lo frondoso. Es más de idea sintetizada, desvestida, juanramonianamente. Ante la pérdida, la vida nos llamará por nuestro nombre. Ante la pérdida uno puede destruirse, destruir lo amado o, como propone Lostalé, habitar la serenidad.

 

“Pretendo, a través de la pérdida, recuperar una existencia más honda; porque la serenidad no es algo muerto, ni mucho menos, ni tiene que ver con la indiferencia, porque está llena de fuego. En el primer libro de esta etapa, ‘Tormenta transparente’ quería decir eso mismo, que el amor tiene mucho de tormenta pero que yo ya buscaba la transparencia, sinónimo de la serenidad. Y me alegra sentir que este amor, que más bien es desamor, desemboca en serenidad”.


La etapa a la que se refiere Lostalé conforma una trilogía de sus tres últimos poemarios: ‘Tormenta transparente’ (Calambur), ‘El pulso de las nubes’ (Pre-Textos) y este ‘Cielo’, que se cierra, precisamente, con un poema titulado ‘Cielo consumado’. Y algo de consumación encierra esta etapa. “Sí, yo también lo veo así, como un ciclo en el que he querido despojar más aún el lenguaje, y también buscar dentro de lo invisible. Ir a lo esencial, incluso ir hasta aquello que no existe. El amor, siempre tan presente en mi obra, estaba encarnado en un ser muy concreto en los libros anteriores pero en estos tres últimos el amor aparece más allá de la figura, el amor como una energía del espíritu, como una compañía de su no existencia (real)”.


Javier Lostalé es un hombre bueno. Con toda la hondura que implica la expresión. De los poquísimos poetas que despierta entre sus compañeros de versos la admiración para con sus poemas, para con su persona. Un hombre bueno que ama. Y que se abaja. Y que se desprende de la rabia para permitir que lo amado que no responde no envenene.


‘En amor, borrado’: Un día fuiste borrado,/ hoy tu desierto corazón/ late en el sueño completo/ de lo que nunca tendrá,/ mientras caminas hacia tu hora final/ preso en la luz de un nombre/ que en soledad sucesiva te deletrea/ sin que su rostro alcances./ El tiempo ya no es/ sino la palpitación enferma/ de lo vivido, / y el espacio/ una extraña comunión/ de copulaciones vírgenes/ que nada fecundan./ Fuera y dentro de ti/ la misma compañía de una sombra/ amada en su tránsito/ que nuca tuvo amanecer./ En tu mismo cielo desposeído/ contestas con tu vida/ a quien contigo te niega/hasta la última respiración de su ser”.

'Cielo', palabra hermosa que resuena. Mientras el tiempo destruye y arrasa realidades,  resignifica y se duele, el poeta levanta monumentos de sonido que se desvanecen en el instante mismo en que se pronuncian. Pero están ahí desde el primer día. Nos ocupan. Nos cuidan. Nos sostienen.

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