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Nacional

“La educación sexual que reciben nuestros adolescentes viene directamente de la pornografía”

Rosa Cobo, directora del Centro de Estudios de Género y Feministas de la Universidad de La Coruña

Esther Peñas / Madrid- 14/07/2017

Capitalismo y patriarcado sustentan, estimulan y protegen la prostitución, una práctica que solo en España mantiene a alrededor de 100.000 mujeres sojuzgadas en una espiral de violencia, intimidación, humillación. La ensayista Rosa Cobo (Cantabria, 1956), directora del Centro de Estudios de Género y Feministas de la Universidad de La Coruña, acaba de publicar un libro, ‘La prostitución en el corazón del capitalismo’ (Libros de la Catarata), en el que analiza de qué modo la prostitución alimenta el entramado global del capitalismo, generando suculentos beneficios a costa de cercenar la dignidad de miles de mujeres y de asentar un modelo político-social vejatorio para la mujer, el patriarcado.


Antes de meterme a fondo con el asunto, me gustaría saber si, a su juicio, hay alternativa al sistema capitalista y o si definitivamente lo tenemos que asumir como el ‘mejor modo de vida posible’.


El capitalismo es un sistema de dominio económico que produce unas enormes bolsas de desigualdad. Cuando este sistema económico establece alianzas con otros dominios, como el racial o el patriarcal, esas lógicas de desigualdad dan lugar a la feminización de la pobreza o a la explotación de poblaciones negras o de otras comunidades que la cultura occidental dominante ha conceptualizado como inferiores. En la lógica del capitalismo está la desigualdad, pero cuando, además, carece del control del estado o de la sociedad, el capitalismo se transforma en una barbarie.

 

Llama la atención que no haya un solo nombre masculino en los prolijos agradecimientos. ¿Permanecen ajenos ellos al problema de la prostitución?


Jajaja. No me había dado cuenta. En todo caso, está el nombre de mi hermano. La prostitución es una práctica social fundacional del patriarcado, pero, en estos momentos, también es un negocio fundamental para el capitalismo y para las economías ilícitas, tan importantes para el crecimiento del capitalismo. Lo primero que hay que señalar es que los varones no forman un grupo homogéneo. Diversos estudios señalan que aproximadamente 4 de cada diez varones españoles son demandantes de prostitución. Es, indudablemente, un porcentaje muy alto. El otro porcentaje, el 60% de los varones, no acude a la prostitución. Sin embargo, no es suficiente. Es necesario que se formen colectivos masculinos que rechacen esa forma de violencia masculina. Los varones que no son puteros deben interpelar explícitamente esa forma de violencia patriarcal.

 

Se da la paradoja de que si se legaliza la prostitución, las mujeres mejorarían sus condiciones (económicas, de salud, etc.) pero se legitimaría el cuerpo femenino como mercancía. Es obvio que el hecho de que algo exista desde los orígenes no lo legitima pero, ¿es tan complejo solucionar este asunto? Hemos sido capaces de responder a otros tan serios como este, la esclavitud o el trabajo infantil (al menos de determinadas maneras y en determinadas áreas geográficas.


La regulación de la prostitución en Holanda y en Alemania ha puesto de manifiesto dos cosas: la primera, el aumento de las mafias, porque la legalización de la prostitución aumenta la demanda y, para ello, necesitan abastecer de un mayor número de mujeres el mercado; esta búsqueda de mujeres requiere necesariamente el uso del engaño, la coacción y la violencia. Y son las mafias las que articulan esta captación. La segunda cuestión es que la legalización/regulación de la prostitución no se ha traducido en una mejora de las condiciones de vida de las mujeres prostituidas. Al revés, han empeorado su situación, pues el inmenso poder de la industria del sexo ha hecho posible la aún mayor precarización de las condiciones de vida de estas mujeres.


La abolición de la prostitución exige políticas que prohíban la industria del sexo, la implantación de la coeducación en las aulas y la interpelación y penalización del putero, entre otras políticas. Solo con un conjunto de políticas de penalización, pero también de prevención, se podrá erosionar esta institución patriarcal que es la prostitución.

 

Convivimos con indiferencia o con consentimiento hacia la prostitución. Si alguien viera un heroinómano en plena Gran Vía se escandalizaría, pero no lo hace cuando camina por la calle de la Ballesta. ¿Qué parte de responsabilidad tenemos quienes, por omisión, permanecemos indolentes?


La prostitución es una realidad social que está envuelta en pobreza y violencia; y la responsabilidad fundamental de esa violencia la tienen, de un lado, los ‘empresarios del sexo’ –es decir, los proxenetas- que articulan la industria del sexo y, de otro, los puteros que sostienen con su demanda esta industria. La industria del sexo es un conjunto de negocios que proporcionan beneficios a diferentes actores sociales –medios de comunicación, hoteles, taxistas, burdeles, alquiler de pisos, pensiones, farmacias, distribuidoras de bebidas alcohólicas, etc.- y por ello se ha tejido una trama muy tupida para normalizar la prostitución. La normalización de la prostitución es la garantía de que esos actores sociales sigan ganando dinero.


El perfil de las mujeres sometidas a la prostitución y a la trata queda retratado en su libro pero, ¿puede hablarse de un perfil del cliente?

El único dato que se repite en el perfil del putero es que es un varón. Los demandantes de prostitución pertenecen a todas las clases sociales, a todos los niveles educativos, están adscritos a todas las ideologías y pertenecen a diferentes culturas… Los puteros forman un colectivo interclasista cuyo nexo común es su vocación de dominio sobre las mujeres.

 

Cada vez es menor el tabú de quienes se dedican a la prostitución de lujo, o a la prostitución como método de ingresos extra (universitarias, fundamentalmente). ¿Cómo se resuelve esta complejidad que pone en un brete a la libertad individual?


El feminismo abolicionista no cuestiona las decisiones individuales de las mujeres. Interpela críticamente una institución que promueve la desigualdad y la violencia patriarcal. Es necesario distinguir las instituciones de las personas que habitan esa institución. La responsabilidad está en las instituciones, no en individuos con necesidades extremas.

 

Las nuevas tecnologías han multiplicado el consumo y la distribución de pornografía, una de las industrias que más dinero mueven en el mundo. ¿Tendría que estar sujeta a una legislación más draconiana?


Sin ninguna duda. La pornografía es la pedagogía de la prostitución. La educación sexual que reciben nuestros adolescentes viene directamente de la pornografía. Se deben establecer mecanismos de control para que un niño de 10 años no vea desde su móvil o desde su ordenador tanta pornografía como quiera.

 

¿Puede haber pornografía sin violencia?

 

La pornografía mainstream es una apología de la violencia y la humillación de las mujeres. Y esa pornografía es la que se ve mayoritariamente. Pueden existir otras variedades de pornografía que no exalten la violencia patriarcal, pero son prácticamente inexistentes.

 

¿No es esquizofrénico que el capitalismo nos obligue a ser por un lado princesas, mujeres perfectas y por otro, putas, es decir que tengamos que ser una cosa y su contraria?

Eso no tiene que ver solo con el capitalismo, también tiene que ver, sobre todo, con el patriarcado. Las sociedades patriarcales asignan a las mujeres una sobrecarga de sexualidad y debemos desarrollarla, tanto en el marco de la pareja como en el de la prostitución. En el imaginario patriarcal las mujeres transitamos entre la reproducción y la seducción. Madres o putas. 

 

¿Somos conscientes de hasta qué punto nos esclaviza la publicidad?

La publicidad es una fuente primordial de socialización en la que las mujeres somos objetualizadas y sexualizadas. Somos cuerpos y sexualidad, de una parte, y cuidadoras y trabajadoras domésticas, de otra. Esa es la imagen que reciben nuestra niñez y adolescencia. La publicidad mercantiliza y sexualiza a las mujeres hasta niveles inimaginables.

 

Las “prácticas masturbatorias de la publicidad”, como usted las denomina, ¿cómo es posible que sigan operando en países avanzados y que nadie se perturbe?

Los países avanzados son sociedades patriarcales en las que los varones tienen una posición individual y colectiva de dominio sobre las mujeres. Esos privilegios son protegidos por las élites masculinas.

 

Que la prostitución esté vinculada al desarrollo de los países con alta tasa de pobreza, ¿es irremediable?

 

La prostitución es una institución patriarcal que está fuertemente implantada en los países con altas tasas de pobreza y también en las sociedades con mayores niveles de bienestar. Ahora bien, algunos países con altos niveles de pobreza fortalecen la industria del sexo y/o exportan mujeres para la prostitución a países del Norte como estrategias de reactivación de sus economías. La industria del sexo en el interior del país suele recibir turismo sexual y la exportación de mujeres a otros países significa recibir remesas de dinero. Ambas estrategias estimulan el consumo y aumenta la circulación del dinero.

 

¿Qué papel cumplen los países que preservan los derechos humanos al comerciar y tener vínculos de todo tipo con países que conculcan estos derechos? ¿Podría ser una medida de presión el aislarlos?

Esa sería una medida muy efectiva, pero difícil. ¿Ve usted al PP negándose a tener relaciones comerciales con Tailandia o con Gabón? No es fácil porque el poder económico de las grandes empresas es muy grande y su capacidad de presión sobre los Estados cada vez es mayor. Pero también porque quienes nos gobiernan desde el poder político, financiero, militar o religioso son varones y esas instituciones tienen un carácter marcadamente patriarcal.

 

¿Qué diferencia a los hombres que se dedican a la prostitución respecto de las mujeres? 


Los puteros consumen prostitución porque quieren y pueden hacerlo, porque el placer sexual y el dominio sobre las mujeres les produce algún tipo de bienestar y gratificación. Sin embargo, las mujeres en prostitución lo hacen por necesidad, porque necesitan recursos para vivir y para mantener a su familia. Ellos lo hacen porque les gusta y ellas porque lo necesitan. Ellos tienen dinero para pagar el acto prostitucional y ellas necesitan ese dinero para mantener a sus hijos. Ellos están en una posición social de hegemonía y ellas en una situación de necesidad, casi siempre extrema. La desigualdad económica entre ambos colectivos salta a la vista. La prostitución es un acto de poder y de violencia del putero.

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