Lo primero que irradia es carisma y buen humor. Lo segundo, sobre todo en estos tiempos hoscos que corren, se agradece sobremanera. José María Guzmán es un músico de talento sutil y elegante. Su música se abona en el huerto musical de nuestra memoria: ‘Solera’, ‘Cánovas, Rodrigo, Alonso y Guzmán’ (CRAG) o ‘Cadillac’ son algunas de las bandas de las que ha formado parte. Su último trabajo responde al título de ‘Sentado en la cumbre del mundo’.
¿Cómo se sobrevive o se vive en el mundo de la música?
No me puedo quejar… llevo 45 años en esto, acabo de cumplir los 60 tacos, y la primera vez que me subí a un escenario tenía 15. Mi primer contacto con la música se lo debo a mi abuela, que tenía puesta música clásica en la radio. Yo, mientras jugaba, me empapaba de esa música, y ahora me sirve muchísimo, a eso le debo todo. La armonía que aprendí inconscientemente, me confeccionó. Sí, después estudié chelo, pero lo importante fue aquel primer contacto. La armonía es mi religión, una forma de vida; la armonía es el hilo conductor de todo, tiene que ver con las personas, con la naturaleza…
¿Están envenenadas las mieles del éxito?
Están comercializadas, y todo lo que se comercializa tiene algo de veneno. Hay veneno porque hay intereses creados y el dinero enrarece todo cuanto toca.
La música de ahora, ¿tiene más que ver con el espectáculo?
Sí, los shows que se están haciendo tiene poco que ver con la música. Pienso en gente como Lady Gaga o Madonna, con esas coreografías acrobáticas, esos bailarines frenéticos, ese espectáculo más propio de un grupo de illuminati… creo que la música es algo más sencillo y honesto que todo eso, no me gustan las parafernalias. A mi me gustaban ‘The Beatles’, los consideraba un poco como mis hermanos mayores. La técnica la aprendí en el conservatorio, pero el instinto me lo despertaron gente como The Beatles o The Birds, The Hollis. Los grupos de voces me influenciaron mucho, y toda la música que compongo tiene reminiscencias de los años 60.
¿En qué se diferencia el Guzmán artista del que se baja del escenario?
Se diferencian poco, ambos son parlanchines, un tanto payasos… Como cantante busco proximidad con el público. No me pongo nervioso, pero sí estoy muy concentrado. Y mi único propósito es hacer gozar a la gente. Como músico, podría decirse que he perdido la vergüenza, pero no el respeto.
¿Se sufre mucho al sintonizar las radiofórmulas?
No las sintonizo, me quedo con la música clásica.
¿Qué disco le ha emocionado últimamente?
‘The killers’ me gustan bastante, y los grupos pop nuevos que suenan a antiguos; por mencionarte, te recomiendo un grupo asturiano que cantan en inglés y que se llaman ‘Fake band’.
¿Cómo superó la censura ‘María y Amaranta’, esa delicada letra que habla de la relación entre dos mujeres?
La pasaron porque sospecho que no entendieron la letra, debían de ser unos zoquetes… En cambio, nos tacharon el texto de ‘Jovencita’, un tema de Solera que, años después, pudimos grabar con CRAG. Decía algo así como: “Jovencita de alma ardiente y boca sensual, tu mirada nos promete un paraíso terrenal, pero pronto nos defraudas, casi siempre pasa igual, eres clásica y estrecha, mojigata ritual, te forjaron en los moldes intransigentes del ayer, situaciones desastrosas aún vigentes por doquier refrenaron tus impulsos, te hicieron comprender que el infierno te esperaba si te dejabas querer”.
¿Le sorprenden, le disgustan, le violentan las interpretaciones freudianas sobre la canción ‘Señora azul’?
La gente, lo de azul lo vinculó a la derecha, y más ahora, por aquello de que el Partido Popular se identifica con el azul… si hubiéramos utilizado el rojo, nos habrían dicho lo contrario… Por fortuna, los colores existían antes de que los partidos políticos se apropiaran de ellos.
¿Cómo vivió ‘La Movida’?
Todos fuimos inexpertos al principio, pero la tónica general era que no sabían ni afinar la guitarra, no tenían formación ni experiencia. Eso fue la Movida madrileña. Los críticos decían que aquellos grupos sonaban frescos. No sabían tocar ni afinar, pero sonaban fresco. Eso bastaba. Nosotros sí sabíamos afinar, mala suerte. Así que tuvimos poco que ver con ese movimiento. Acaso con ‘La Mode’, por lo que cuidaban letras y música, pero tampoco, nosotros éramos unn grupo de voces.
Después se entregó al pop con Cadillac’…
En ‘Cadillac’ hacíamos una música más chicle, más sencilla, y la gente no me lo perdona, me han apartado un poco del panorama y no me han dado el valor que tengo.
¿Se arrepiente de 'Cadillac’?
En absoluto, de hecho, de vez en cuando tocamos.
Cuando uno se reúne con su banda 25 años después de su disolución, las canciones ¿suenan renovadas, distintas, melancólicas..?
Suenan melancólicas, porque haces otras cosas muy distintas a aquellas, pero arreglas los temas y cuando tocas una canción de hace 25 años y compruebas que funciona, que suena bien, eso… es maravilloso. Y te confirma que no lo hacías tan mal. A pesar de que a alguna gente le molesta que estemos afinados…
¿Hubiera votado a favor de la Ley Sinde?
Es que opino que la ‘Ley Sinde’ no trata tanto de acabar con la piratería como de controlar a los ciudadanos, sinceramente. Quieren saber qué compras, qué lees, qué escuchas…
Eso suena a teoría conspiratoria…
No soy conspiranoico, pero si escucho las noticias y leo los periódicos sólo me informo a medias, tengo que leer entrelíneas, y a veces ni con esas. ¿Te crees que los países árabes, así, improvisando, forman una revolución sin directrices externas? Yo, la verdad, no.
Pero volviendo a las descargas… ¿qué hacemos con ellas, con las ilegales?
Pues antiguamente, la SGAE velaba por los músicos; después perdió el norte y velaba por sí misma. Por unos cuantos, mejor dicho. Todo se desmorona: la sociedad se desmorona, el modelo social… ¡hasta la monarquía! Mientras los banco tengan el dinero, el ciudadano seguirá siendo el perdedor, pero los ciudadanos somos más, así que, con un poco de organización, podemos con ellos. ¿Por qué nadie habla de Islandia?
¿Qué se siente ‘Sentado en la cumbre del mundo’?
El tema que da título al disco data de 1974, cuando me fui a hacer la mili. Participaba entonces en una obra sobre Jesucristo, que se llamaba ‘Gospel’. Leí mucha literatura espiritual, había una corriente hippie muy consistente… nos pasábamos ‘Las flores del mal’, ‘Juan Salvador Gaviota’… leí muchísimos libros esotéricos y, un día, de los tantos que me quedaba mirando el cielo, se me ocurrió esa melodía. Nunca la grabé. Hasta ahora.
Más información:
http://www.cadillacmusic.es/
CRAG
Cadillac