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Cultura y ocio

“Necesito modelos de personas que vivan sin miedo desde la consciencia”

Alejandro Palomas, escritor

Esther Peñas / Madrid- 20/04/2012

El triángulo que se forma cuando se incardina la suegra a la pareja siempre es proceloso. Si a ello le añadimos que uno de los amantes es opaco, la historia se enrosca como un sinuoso rastro de sospechas, secretos, concesiones. En ‘Agua cerrada’ (Siruela), Alejandro Palomas (Barcelona, 1967)  se sumerge en lo alambicado de las relaciones humanas.

 

Los secretos, ¿son recintos en los que uno se solaza con su libertad o territorios que nos condenan y martirizan?
Territorios que nos condenan y martirizan... todo depende de cómo uno los vive pero, por lo general, siempre hay un territorio de culpa y cuando aparece la culpa llegan las nubes... morirse con secretos es morirse mal. En mi caso no contemplo como opción la del secreto, por eso trato de vaciarme de cualquier secreto que vaya a generar algún tipo de culpa. Es un tema recurrente en mis novelas.

 

¿No hay secretos luminosos, necesarios?
Muy pocos, los que nacen o se generan con la voluntad de sorprender de manera agradable a alguien, pero son los mínimos. El secreto suele ser producto del miedo y ahí empieza a torcerse la vida.

 

¿Es posible vencer al miedo o hay que acostumbrarse a él?
Buena pregunta en un buen momento de mi vida... desde que soy pequeñito trato de bregar con él; a veces puedo con él y a veces me tiemblan las manos. Busco la forma de vivir sin él, mi cabeza sabe cómo hacerlo, pero el plexo se distrae, y llegan los bloqueos. Y el miedo no hace más que generar más miedos. También es un asunto que surge una y otra vez en mis novelas. Admiro a la gente que vive sin miedo, pero no a aquellos son no tienen miedo por la inconsciencia, necesito modelos de personas que vivan sin miedo desde la consciencia.

 

¿Por qué le cuesta tanto al protagonista, Isaac, enfrentarse a los misterios?
Porque en el fondo somos muy controladores, pensamos que controlamos la vida, aunque eso es falso. Deberíamos a mirar a nuestro alrededor y a nuestro interior y partir de la idea de que no controlamos prácticamente nada, ni nuestro nacimiento, ni nuestra muerte -por lo general-. Tendríamos que aprender a descontrolar, y seríamos mucho más felices, atisbando libertades distintas.

 

¿El descontrol no antecede al caos?
Ojalá. Yo me descontrolo tan pocas veces...

 

Por cierto, ¿a qué huele el mal humor, ese mal humor con el que Isaac define a su madre?
A sufrimiento, y sobre todo a piel de mariposa, a vulnerabilidad, y a mucho miedo a quedarse sola,  a que nadie la mire.

 

Un elemento que recorre toda la historia es la música. ¿Qué poder hipnótico tiene la música del que carece la palabra?
Escucho muy poquita música, en general la música no forma parte de mi vida, pero cuando la escucho soy muy obsesivo. Cuando escribo una novela escucho una pieza o una canción, una y otra vez.

 

¿Como un bucle?
¡Sí, es el modo en que suelo vivir, un bucle! Es lo que hago cuando escribo, me meto en un bucle que me separa de la realidad; compongo una melodía distinta, y surge la novela. Por tanto, la música es hiperimportante para mí, pero no suelo reconocerlo nunca, no sé por qué, me cuesta. Y ahora que me dices esto, me doy cuenta de que las canciones son parte importante en mi obra, condiciona a los personajes, de una u otra manera.

 

¿Qué banda sonora tendría ‘Agua cerrada’?
Nocturnos, muchos nocturnos, piano, también... no se me ha ocurrido mencionarte el violín, un instrumento que aparece en la  obra. En cualquier caso, sería música minimal.

 

Los diálogos del libro son rápidos, escuetos, adelgazados. ¿Hoy en día nos cuesta más contarnos, explicarnos, abrirnos a los demás que antes?
Hoy en día hacemos mucho más ruido que antes, pero eso no quiere decir que nos expresemos más, al contrario, decimos poco. Yo necesito sentirme escuchado, oído de verdad y me gusta hacer lo mismo con los demás, no escuchar como sujeto pasivo, sino activo. Y aunque no me llevo bien con la condición humana en general, me despierta curiosidad la forma de relacionarse, de expresarse y, sobre todo, lo que no se dice. Soy bueno en intuir qué es lo que no se me está diciendo.

 

¿Cómo es posible que alguien esté diez años con una persona no sólo que no ama sino que, además, le aburre?
Pregúntaselo a la mayoría de la gente, a la mayoría de las parejas, que se aburren, por lo menos en muchos momentos.

 

Eso es terrible...
Espantoso, por eso estoy solo y por eso tengo un perro.

 

Rulfo, que se tumba a tus pies cuando escribe...
Sí, es el objeto de todo mi cariño porque no me aburre nunca. La relaciones humanas son tan complicadas... hacemos mucho ruido y nos decimos poco, y el planteamiento de las relaciones eternas matan las relaciones. ¿Qué haces con una película cuando te aburre? ¿La aguantas? No, aunque eso sí lo hacemos con las parejas.

 

Pero ¿de dónde viene el aburrimiento? Porque la complejidad debería suscitar interés, no aburrimiento.
La complejidad despierta curiosidad pero no atracción; la atracción despierta chispas y éstas se apagan. Cada cosa a su justa medida, cada cosa es cada cosa; reunir todas las cosas y buscar a una persona para que encaje en el molde que hemos preparado no sirve. Ahora que lo pienso, quizás no somos tan complicados; algunos sí, somos muy complicados o planteadores de cosas, otros quieren simplemente navegan río abajo. Un navegante y un planteador es una pareja difícil, dos planteadores, una pareja muy difícil  y dos navegantes se entienden casi siempre, aunque surja el aburrimiento en ellos pronto.

 

¿Cuál de los personajes tiene más que ver usted?
Elsa, y el que menos, Isaac. Soy una combinación de Elsa, por lo luchador y vitalista, y de Serena, en tanto que también vivo rodeado de un cristal que no me deja acceder a lo real, a lo que hay fuera.

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