Dos mujeres aparecen en la habitación de un hotel. Una de ellas no volverá a abrir los ojos. La otra no recuerda nada de lo ocurrido aquella noche, pero las circunstancias la convierten en la principal sospechosa del asesinato. Así arranca la primera novela de Mónica Muñoz (Madrid, 1975), ‘Bala perdida’ (Odisea Editorial), una historia bien trenzada en la que la intriga va rodando hasta cerrar el círculo argumental, trufado de guiños procesales.
¿Qué te ha reportado, tanto en el plano personal, como profesional-literario, la publicación de tu primera novela?
Muchas cosas y todas buenas. Personalmente, me he sentido muy querida por la familia y los amigos; además, me ha permitido conocer a personas con mis mismos intereses. Y, en el plano profesional, que la editorial Odisea apostara por mi novela me ha dado la posibilidad de que esta historia de misterio en la que se ve envuelta Claudia Chambre y con la que tanto he disfrutado al escribirla pueda llegar a un público más amplio.
¿Qué comparte Mónica Muñoz con Claudia Chambre, la protagonista?
Comparten mucho porque Claudia Chambre es su personaje favorito en la novela. Tienen en común algo muy importante, que es el eje sobre el que giran sus vidas. Para ellas, sea en la realidad o en la ficción, ese eje no es otro que el amor y la pasión por las cosas.
Laura es la única persona que nada esconde y que respalda sin fisuras a Claudia. ¿Es la amistad la más auténtica de las relaciones posibles?
Sin duda, la amistad es una de las experiencias más gratificantes que se puedan tener, siempre que sea incondicional.
¿Qué hace falta para poder convivir participando de un secreto como el que arrastran casi todos los personajes?
Vivir con un secreto es muy duro. Las personas tenemos socialmente tendencia a compartirlo todo. Y para compartir hay que confiar en otra persona, lo que conlleva perder tu libertad, y dejar de ser el dueño de tu silencio. Todos guardamos secretos, y lo hacemos porque tenemos miedo de sus consecuencias.
¿Cuánta porción de misterio crees que encierra la vida?
La vida de por sí es un gran misterio. Ahí radica su atractivo. La experiencia de descubrir aquello que es inaccesible nos provoca un intenso placer.
Que la película que se mencione lleve el título de la obra maestra de Zulueta, ‘Arrebato’, es todo un homenaje. ¿Qué destacarías de este filme?
La verdad es que la película ‘Arrebato’, que se menciona en la novela, guarda relación con la peculiar y desgarradora cinta nominada y premiada de Zulueta en el sentido mismo de la palabra enajenación. Sin embargo, aunque al final no se contó el argumento de la película en la novela, tenía más parecido con el filme de Eduard Cortés ‘La vida de nadie’, en el que la vida de su protagonista era una gran mentira.
¿Por qué crees que la homosexualidad femenina, tal y como se refleja en la novela, a día de hoy ha de estar silenciada, al contrario que la masculina, con una proyección y visibilidad mayor?
No creo que en la novela se refleje que la homosexualidad femenina esté oculta. La homosexualidad forma parte de la vida privada de las personas, y de éstas -y sólo de ellas- depende hacerla visible. El hombre, como en muchas facetas de la vida, se convierte en un estandarte, restando protagonismo a la figura de la mujer.
Que uno de los abogados que aparece en el texto lleve por segundo apellido ‘Caín’, ¿es una ironía o una casualidad?
¡Menuda pregunta comprometida! No creo en la casualidad, todo está por algo. Aunque he de reconocer que no he sido consciente del apellido del letrado hasta que no se me ha formulado esta pregunta. Y hasta aquí puedo responder...
¿Cuáles son tus referentes literarios?
Los que aniden un misterio. Mis preferidos son Agatha Christie, P.D James, Conan Doyle, en los que busco el misterio puro y duro. Me decanto por un hecho delictivo, preferiblemente por el asesinato, alrededor del cual haya 5 ó 6 sospechosos. De Edgar Allan Poe me gustan sus cuentos, y me quedo con sus finales inesperados. Y, por último, de Patricia Cornwell me gusta la introducción de la medicina forense en el relato.
Las balas perdidas, es decir, esas explicaciones o justificaciones últimas que dan sentido a las cosas, ¿terminan por aparecer en los lugares o momentos más insospechados o hay balas perdidas que jamás se encuentran?
Las balas perdidas siempre están ahí. Lo que las diferencia es que, en algunas ocasiones, no las vemos. Ante una pregunta siempre hay una respuesta.
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