Aunque su nombre auténtico era Catalina, todo el mundo la conocía como Katty Montes. Su labor social al frente de la Fundación que lleva el nombre de sus dos hermanos, Segundo y Santiago Montes, resulta impagable.
El asesinato de Segundo, en 1989, junto a otros cinco jesuitas en la Universidad Centroamericana de El Salvador, por su labor en pro de los derechos humanos, marcó su vida. Antes había perdido a otro hermano Santiago, profesor de la Universidad Complutense, escritor y escultor. Aún tendría que perder a su hermana Cristina, pintora y hasta ese momento el alma de la Fundación.
Katty asió el timón de un proyecto –la fundación- que asistió a miles de hondureños que huían de la guerra civil. Los repatriaba a Morazán, alejándolos de la barbarie.
Aparte, Katty Montes fue catedrática emérita del Departamento de Lengua y Literatura Norteamericana de la Universidad de Salamanca, en la que se había doctorado en Filosofía y Letras. Sólo hay un dato que se desconocía de su biografía: su fecha de nacimiento, año que guardaba celosa y que nadie sitúa con nitidez. El pasado año, un infarto acabó con su vida.
Ahora, dos divanes la recuerdan: uno, su propio poemario, ‘Lagrimas’ (Cálamo); el otro, una hermosísima elegía, ‘Abril es el mes más cruel’, de Encarnación Pisonero (Devenir).
‘Lágrimas’ es el testamento poético de una mujer que escribía a hurtadillas, una colección de cuarenta y cuatro poemas de cinco versos todos ellos, dividido en dos capítulos, el primer intitulado, el segundo bajo el lema ‘Tú y yo’.
La voz de Katty Montes suena a susurro, a confesión nocturna, a desnudo íntegro, a mirada que encaja mirad de muerte y que reza en distinto, entregada: “En mi atalaya,/ cercada por la muerte,/ tengo la luz/ de atardecida, el cielo/ y el canto que me nace...” que por momento se convierte en “En mi atalaya/cercada por la muerte,/ tengo la luz/de atardecida, el cielo/ y el canto que no muere.” (poemas que tenía que haber cerrado este círculo poético).
‘Lágrimas’ es u libro en el que alguien se pregunta de qué modo transfigura el dolor, en qué modo desdibuja en quien se enraíza, que buscas respuesta que sabe no encontrará salvo en intuiciones que, como un fulgor, traspasan. “Porque tu nombre/ es parte de mi nombre/ y tu vacío/me vacía y me llena/ estoy aquí contigo”.
Por otro lado, Encarnación Pisonero, exquisita poeta y amiga de Katty Montes, le ha dedicado su último poemario, ‘Abril es el mes más cruel’ (Devenir), tomando la cita de T.S. Eliot.
Es un sentido homenaje alumbrado en un momento catártico, tras visitar la tumba de Montes. Cuajados, los versos discurren con una fluidez y naturalidad que sobrecogen. Dos pautas: “De tu entrega emanaba/ apacible armonía/ que todos respirábamos/ allá donde estuvieras” y “Ahora, en tu ausencia,/ debe prevalecer el trigo,/ y que se pudra la cizaña/ donde aflore tu sombra”.
Así como “nadie conoce el inicio del cómputo”, la propia poeta parece transfigurada por una suerte de azar en la elección de las palabras que encadenan los versos y los cabalgan, como si persiguiera un blanco que atraviesa con certeza. Al fin y al cabo, “lo importante es el verbo,/ lo importante es que sea”.
Estimulantes lecturas ambas, ‘Lágrimas’, ‘Abril es el mes más cruel’, complementarias, teselas de un mismo territorio poético, en las que la admiración y la entrega conforman un único sendero para que el lector sucumba.