Parafraseando a Thomas de Quincey, Antonio Priante acaba de presentar un ensayo titulado ‘Del suicidio considerado como una de las bellas artes’ (Minobitia Textos), en el que se detiene en trece -plantando cara a la superstición- vidas de artistas: Zweig, Alfonsina Storni, Salgari, Mainländer, Silva, Rodolfo y María, Kleist, Larra, Goethe, Petronio, Séneca, Lucano y Catón, por consignarla en orden cronológicamente inverso. Tres periodos históricos le sirven al autor de escenario: Roma, el Romanticismo y la actualidad. Lectura suculenta para la canícula.
¿Qué perversa fascinación le empuja a uno a escribir un ensayo sobre el suicidio?
Más que fascinación, curiosidad. Curiosidad por descifrar cómo un ser vivo, cuyo impulso natural más fuerte es el de vivir, puede decidirse por la muerte. Y la curiosidad nunca es perversa, creo.
Una vida ejemplar que deviene en suicidio, ¿deja de serlo?
Ése es un prejuicio de nuestra civilización. En la antigua Roma tenemos muchos ejemplos de cómo una vida digna puede ser coronada por un suicidio digno.
El suicidio: ¿es un acto de cobardía, de nobleza, de desesperación..?
Depende de cada caso. Una cosa son los motivos que impulsan a tomar la decisión... pero, para cometer el acto en sí, se necesita valor. Yo, por ejemplo, aunque los motivos fuesen absolutamente decisivos, no creo que tuviese el valor necesario. Y es que, para ciertas cosas, soy cobarde.
¿Hay arte en el suicidio? O, como en el caso de Quincey, una cosa es observarlo en abstracto o con la distancia del tiempo y otra, muy distinta, verlo con la cercanía del presente?
Lo del suicidio como arte, es decir, el título mismo del ensayo, forma parte del aspecto humorístico de la obra, y en esto soy deudor absoluto de De Quincey. El posible arte no está en el suicidio sino en el suicida. Petronio es un magnífico ejemplo de suicida artista, y Mainländer, de todo lo contrario.
Al maestro Juan de Mairena le parecía que la vida siempre es seria, alegre o tristemente seria. ¿Por qué cree que el humor guarda encono a cualquier actitud decente ante la vida?
Una característica del humor es que no guarda encono a nada. Es cierta actitud “decente” ante la vida la que no soporta al humor. Más que nada, porque no lo entiende. Y eso pone muy nervioso al mundo “decente”.
En Roma existía el suicidio causado por el pudor ante las pérdidas. ¿Se imagina un suicidio motivado por la vergüenza de la estafa en estos tiempos?
No, en estos tiempos no. En los buenos tiempos de la burguesía, por ejemplo, el no poder hacer frente a las deudas era un deshonor que podía llevar al suicidio. Ahora esto es inimaginable.
¿Cómo es que ha quedado fuera del ensayo una tierra tan proclive y respetuosa con el suicidio como Japón?
Porque soy muy respetuoso con todo lo que desconozco, y hubiese tenido que ponerme a investigar. Y este no es un libro de investigación, sino de divulgación. De divulgación de lo que ya conozco... más o menos. O sea, un ensayo para pasar un buen rato yo mismo, básicamente.
De estas trece historias (un número muy propio para combatir supersticiones), ¿por cuál siente especial querencia?
En especial, por Alfonsina y por Silva, casualmente los dos únicos latinoamericanos. Bueno, y también por Zweig y por Larra. Y en el otro extremo estaría Mainländer.
¿Cuántas veces el suicidio es un acto de gobierno y no el resultado de un arrebato?
Está claro. Cuando en la decisión dominan razones objetivas (el caso de un enfermo terminal, por ejemplo, es el más claro, pero hay otros) es un acto de gobierno, cuando domina lo pasional (el suicidio “por amor”, por ejemplo) es el resultado de un arrebato.
Hablando de Kleist asegura que “hay personas que nacen pésimamente equipadas para vivir en este mundo”. ¿Qué se puede hacer en esos casos?
Nada. Solo trabajar para vivir en el otro, en el de la futura gloria artística, como hizo Kleist.
¿Qué le parece el pacto tácito de silencio que existe en nuestra sociedad respecto del suicidio?
Es absurdo, no lo entiendo. Parece que se piensa que, si se abriese la veda de las noticias sobre suicidios, la gente iría a suicidarse en masa. No sé... creo que lo que late en el fondo de ese pacto de silencio es el temor de que las actitudes suicidas nos descubran algo sobre el vacío, el absurdo de la propia vida.
Por cierto... ¿segundas partes serán pertinentes?
Sobre el suicidio, no. El chiste está agotado. Pero sí sobre el verdadero tema de fondo del ensayo: el conflicto entre el artista y la sociedad. Y he elegido dos ejemplos máximos: Ovidio y Oscar Wilde.