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Cultura y ocio

“El arte no busca ser bonito o feo, tiene propósitos más elevados”

Nathalie Domínguez/ EPD / Madrid- 27/04/2010

¿Por qué determinadas obras de arte nos cautivan irremediablemente, con independencia de la cultura de la que provengamos? ¿Hay una inclinación innata hacia lo bello? ¿Puede lo grotesco ser bello? ¿Tiene algo que ver la teoría de Darwin con nuestros gustos artísticos? Estas y otras cuestiones igual de sugerentes las analiza el catedrático de Filosofía del Arte Danis Dutton en un magnífico libro, ‘El instinto del arte’ (Paidós)

 

¿Cómo surge la idea de abordar el arte a partir de la figura de Darwin?
En los años 80 tuve claro que los filósofos o teóricos del arte trataban de impulsar el negocio buscando relaciones entre las preferencias del público y los intereses artísticos. Pero eran completamente incapaces de explicar de dónde procedían estos placeres y preferencias básicas, excepto para decir una y otra vez que procedían de la cultura –o de aquellas partes de la cultura que llamamos política e historia. Después de varios años, esta teoría quedó hueca y por eso decidí retomar el pensamiento de Darwin.

 

¿Cómo ha sido recibida esta insólita perspectiva entre la crítica y el mundo académico?
Estoy asombrado, completamente sorprendido de la mentalidad abierta de los filósofos y teóricos del arte para escuchar esta hipótesis basada en Darwin, para tomarla en serio. Pensé que iba a ser ridiculizada. Sin embargo, los académicos están impacientes por conocer mi trabajo y el de otros eruditos que apliquen la perspectiva evolutiva al arte.

 

Si partimos de la base que propone usted, que el arte es un instinto, y puesto que hoy en día la mayor parte de los instintos están reprimidos o domesticados (por leyes, usos sociales, moral, etc.), ¿ocurre lo mismo con el arte?
Tal vez los instintos han sido reprimidos –hasta cierto punto- a lo largo de la historia. Esta es una pregunta interesante. Por ejemplo, cualquier código religioso que prohíba las representaciones pictóricas atenta contra la curiosidad innata del hombre hacia la pintura. Y, sin embargo, todos los sistemas políticos y religiosos, en mayor o menor medida, han censurado determinadas manifestaciones artísticas.

 

¿Puede hablarse, dentro del ‘instinto del arte’, de diferencias de matiz entre hombres y mujeres?
Eso creo, aunque no lo analizo a fondo en ‘El instinto del Arte’. Por ejemplo, creo que más probable que las historias que interesan a las mujeres giren en torno a las relaciones humanas, y las que atraen a los hombres tienen un componente de violencia. Pero lo maravilloso del arte es que, en general, hombres y mujeres disfrutan de las mismas cosas: Beethoven, Cervantes, Shakespeare...

 

Si el arte es un instinto, ¿todo el mundo puede ser un entendido en arte?
Sí, el arte no es un mundo técnico como la física o la química. Está abierto al disfrute y análisis de todos. En el siglo XVIII, el escritor Friedrich Schiller argumentó que la experiencia del arte es profundamente democrática. Así era entonces y así es hoy en día.
Déjeme añadir que muchos críticos de la academia y teóricos del arte han intentado erróneamente pretender que el arte es algo técnico, para convencernos de que tiene un alto estatus intelectual. Esto es una completa tontería. Ése es el motivo por el que a menudo escriben de manera ininteligible para la mayoría de los lectores. Me recuerda al cuento del traje nuevo del emperador.

 

Habla usted de la ‘perspectiva del refugio’. ¿Es posible que, dada nuestra cada vez mayor desvinculación con la naturaleza, la seducción que ejercen sobre nosotros los paisajes se anule en un futuro?
La teoría de Darwin es que, incluso en nuestras ciudades, tendemos a diseñar parques públicos (como el de Central Park en Nueva York) y jardines y edificios que completen nuestras preferencias paisajísticas prehistóricas, como se detalla en el primer capítulo de ‘El instinto del arte’. Basta echar un vistazo a los diseños de los campos de golf de hoy en día: representan nuestra querencia inconsciente por la sabana.

 

¿Hay belleza en lo grotesco?
¡Desde luego! La atracción del arte es sorprendente y asombrosa. Lo grotesco es un gran estilo de arte, y se encuentra en todas las culturas artísticas del mundo y a través de la historia.

 

¿Qué componente prima más en la obra del arte, el instintivo o el intelectual?
El intelecto es parte de lo que es el instinto en el arte. Nos gustan los retos intelectuales complejos. Los artistas lo saben, y lo plasman en su obra.

 

¿Cuál es la principal función del arte, agradar o perturbar?
Esta es una falsa dicotomía. El “placer” total es la decoración de la caja de chocolate, la tarjeta de felicitación. El disgusto total es aplastar a un ratón hasta la muerte y llamarlo ‘mi obra de arte’, “Ratón aplastado 1”. Lo primero es hortera, lo segundo es una vanguardia que busca llamar la atención (a través de la crueldad hacia los animales).
El mejor arte complace acaparando la atención y manteniéndola de modo sorprendente. Cervantes, por ejemplo, te atrapa, con indiferencia de que te agrade o perturbe. El gran arte no busca simplemente ser bonito o feo. Tiene en mente propósitos más elevados.


Imaginemos. ¿Cómo cree que evolucionará el arte en este siglo?
El artista dejará de lado el deseo adolescente de sorprender a los espectadores y lectores. No regresará a los ideales de belleza de la clase media, sino a un ideal más riguroso y desafiante, sin avergonzarse por la belleza.

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