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Taibo

Entrevista

21 Oct 2019

Carlos Taibo, escritor y politólogo

“Habrá que pelear por conseguir que el mundo incorpore pulsiones hedonistas”

Esther Peñas. Foto: C. Taibo / Madrid

‘Anarquistas y libertarios de aquí y ahora’ (Catarata). En este ensayo (conciso, heterodoxo e irónico –basta las nomenclaturas anarcotestoteronismo o anarcozorrocostrismo para hacerse una idea) el escritor y politólogo Carlos Taibo (Madrid, 1956) vuelve a situar su pensamiento en geografía anarquista/libertaria para pespuntar un librito que ahonda, entre otras cuestiones, en la cuestión catalana. Lúcido, estimulante y nada complaciente. Marca de la casa. 

Los movimientos anarquistas y libertarios tienden a superponerse. ¿Cuál es la principal diferencia entre ambas corrientes?

Es verdad que en muchos contextos esos dos adjetivos son sinónimos. Creo yo, sin embargo, que el primero tiene una dimensión más ideológico-doctrinal, en tanto el segundo remite antes a actitudes y conductas vivenciales. En ese sentido, y aun forzando un tanto la realidad, entenderé que un anarquista es alguien que ha leído a Bakunin y a Kropotkin, y que mal que bien se adhiere a las ideas que esos pensadores, y otros muchos, han formulado en materia de autogestión, de acción directa o de apoyo mutuo. Entre tanto, sin necesidad de haber acometido lecturas, por lo demás muy recomendables, como ésas, un libertario despliega de forma espontánea en su vida cotidiana lo que significan la autogestión, la acción directa y el apoyo mutuo. No creo que sea saludable describir como anarquista a una campesina china de hace dos mil años, que sin embargo resiste mejor, en cambio, el adjetivo libertaria. 

El movimiento anarquista y el libertario, como usted comenta en el libro, “están ahí”. Pero, y sin ánimo de ser impertinente, ¿qué aportan a día de hoy?

Aportan muchas cosas. Así, y por ejemplo, una conciencia clara en lo que respecta a los vicios de la jerarquización y de la explotación, un análisis -a mi entender lúcido- sobre las quiebras, numerosísimas, de la pseudodemocracia liberal, una defensa cabal de la descentralización más extrema, el recordatorio de que es posible organizar sociedades complejas sin el concurso de empresarios, capataces y burócratas, un encaramiento directo, y original, de los grandes problemas que se revelan hoy en relación con las mujeres y con el medio natural, y, en fin, la conciencia de que formamos parte del mismo sistema que queremos echar abajo, con los tributos que ello acarrea. 

“Es la práctica y no la autodefinición lo que define a una anarquista”. En general, ¿suele haber mucha disociación entre el pensamiento y la acción, entre –como diría Kant- el ser y deber ser?

Ciertamente que la hay. Autoatribuirse la condición de anarquista no significa nada, o significa bien poco. Sobran los ejemplos de gentes que se describen como tales y que asumen conductas hiperautoritarias que les invitan a manejar, al tiempo, un dogma ideológico que administran a capricho. Por eso en ocasiones me dejo llevar por la tentación de afirmar que los anarquistas más consecuentes que he conocido las más de las veces no sabían que eran eso: anarquistas. Y maldito lo que les importaba. Al cabo no creo que haya que otorgar mayor relieve a las autodefiniciones ideológicas. Alguien señaló en su momento, por lo demás, que deben ser otros quienes digan de uno que es, o no es, anarquista.  

¿Qué es lo más le fascina del movimiento anarquista/libertario?

Lo he dicho muchas veces. Si la pregunta se refiere al pasado, lo que más me fascina es cómo nuestros abuelos y abuelas anarquistas consiguieron fusionar de forma espontánea dos grandes flujos. El primero tenía una condición precapitalista y remitía al hecho de que la mayoría de esas gentes procedían del mundo rural, o eran descendientes próximos de gentes originarias de ese mundo, de tal suerte que conservaban vivencialmente muchos elementos de organización social colectiva y solidaria. El segundo nos habla de una cosmovisión, el anarquismo, surgida en la Europa del siglo XIX, y que planteaba, y plantea, orgullosamente un horizonte anticapitalista. La combinación de esos dos elementos creo que fue extremadamente feraz.  Bien haríamos en intentar repetirla. 

¿Cómo se resuelve “la colisión entre hedonismo y autocontención”?

El colapso que viene lleva camino de resolver esa colisión en provecho del segundo elemento, que se antoja insorteable. Pero bien está que peleemos por conseguir que el mundo resultante incorpore pulsiones hedonistas, a través, por ejemplo, de la superación de muchas de las miserias que la lógica de la productividad, de la competitividad y del consumo ha generado entre nosotras. Al respecto, los bienes relacionales, los bienes que se vinculan con un incremento cualitativo y cuantitativo de nuestros vínculos con otros seres humanos, o con los miembros de otras especies animales, serán sin duda más importantes que hoy.  

¿Es, el medioambiental, el gran desafío del anarquismo?

Es un gran desafío para todo el mundo, no sólo para la militancia anarquista. Creo, de cualquier modo, que el anarquismo contemporáneo ha realizado notables progresos en materia de encaramiento de los problemas correspondientes, y ha dejado al respecto muy atrás los elementos productivistas y desarrollistas que pudieron arrastrar determinadas modulaciones del anarquismo del XIX. En este sentido, el decrecimiento y el antidesarrollismo creo que son respuestas convincentes que, en la teoría y en la práctica, exhiben en muchos casos un aliento libertario.

El sindical era un territorio propicio para las corrientes anarquistas/libertarias, pero hoy en día da la sensación de que es una geografía un tanto aburguesada. Por ejemplo, los movimientos de calle, las mareas, no son instigadas por ellos, no han salido de ellos…

Creo que hay problemas, bien visibles, con el discurso y con las prácticas sindicales. En buena medida nacen de una concentración, tan abusiva como inicialmente legítima, en el salario y en el empleo. De resultas, los sindicatos tienen problemas graves a la hora de encarar la situación de mujeres, personas precarias, desempleadas e inmigrantes, como los tienen a la de afrontar lo que ocurre en el terreno de la ecología y en lo que respecta al escenario, lacerante, de los países del Sur. El panorama de fondo habla, por otra parte, de una progresiva integración de la mayoría de los sindicatos en el sistema, y de una incapacidad, por su parte, en lo que hace a desplegar respuestas convincentes frente al endurecimiento planetario de las condiciones del trabajo asalariado. El anarcosindicalismo no es, con todo, marginal entre nosotras, y las prácticas libertarias, no necesariamente anarquistas, menudean en el mundo laboral, en un intento, a buen seguro que hoy por hoy liviano, de dar réplica a todo lo anterior.
  
Uno de los apartados del ensayo son las relaciones entre movimientos transnacionales. A grandes rasgos, ¿qué afectos y/o vínculos mantienen entre sí?

Las redes internacionales establecidas por los movimientos anarquistas son débiles, y en los hechos parecen reducirse a la existencia de alianzas entre organizaciones anarcosindicalistas. Harina de otro costal es, sin embargo, la existencia de lazos muy sólidos en el terreno de la solidaridad internacionalista. Al respecto cabe destacar que el grueso de la solidaridad vertida sobre el movimiento del confederalismo democrático radicado en Rojava, en el norte de Siria, procede del mundo anarquista, y que otro tanto cabe decir de la que se ha desplegado en el último cuarto de siglo en relación con Chiapas. No está de más que recuerde, en fin, que existe una Cruz Negra Anarquista de solidaridad con los presos.  

La actitud anarquista/libertaria, ¿es la herramienta más eficaz para combatir el poder y la represión?

Lo poco que puedo decir es que esa actitud al menos se propone hacer frente a lo uno y a lo otro. En relación con lo del poder, entiendo que el anarquismo no tiene muchos compañeros en la contestación correspondiente. Es a mi entender, y en ese sentido, una rareza afortunada. Sí disfruta, en cambio, de compañeros en lo que respecta a la lucha contra la represión. E intuyo que comoquiera que ésta no hace sino acrecentarse, lo suyo es que el papel del anarquismo, y de movimientos afines, en esa tarea vaya a más en los próximos años.