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Niños congoleños

Infancia

14 Ago 2019

Datos de Unicef

Hay más de 3.800 niños huérfanos por el ébola en la República Democrática del Congo

Servimedia / Madrid

Unicef alertó este martes del aumento de niños huérfanos por el ébola en la Repúblia Democrática del Congo (RDC), cifra que no deja de crecer desde el pasado mes de abril. Desde que se declaró el brote hace un año, 1.380 niños han perdido a uno o ambos progenitores y otros 2.469 han sido separados de sus padres y se han quedado solos mientras que los adultos recibían tratamiento o estaban en cuarentena por haber tenido contacto con una persona contagiada.

“Esta enfermedad está siendo especialmente dura para los niños”, explicó Pierre Ferry, jefe de los programas de protección de Unicef RDC. “Los niños están viendo morir a sus padres delante de ellos o a sus seres queridos en centros de tratamiento contra el ébola, con la incertidumbre de si volverán o no, y cuándo. Luchan contra el dolor y la ansiedad, al tiempo que tienen que tranquilizar y cuidar a sus hermanos pequeños. Muchos sufren discriminación, estigmatización y aislamiento”.

Por esto, abogó por "reforzar la atención especializada para estos niños en Ituri y Kivu Norte, las zonas más afectadas por el ébola".

Hasta la fecha, Unicef ha formado a 906 asistentes psicosociales y psicólogos, que son los que prestan servicios individualizados a los niños huérfanos o que están solos. “Estos trabajadores, al ser personas que vienen de las mismas comunidades afectadas, cuentan con la confianza de sus vecinos y son agentes clave en la respuesta”, agregó Ferry.

Los equipos de apoyo psicosocial prestan servicios especiales a los niños que están solos, servicios que incluyen alimentos, apoyo psicosocial y ayuda material. Unicef tiene en funcionamiento tres guarderías que están al lado de los centros de tratamiento contra el ébola, en las zonas más afectadas por la epidemia. Son los supervivientes al ébola, que ya son inmunes a la enfermedad, quienes cuidan a los bebés y a los niños más pequeños hasta que sus padres o cuidadores terminan el tratamiento.

Los niños cuyos padres no sobreviven tienen necesidades a largo plazo. Los trabajadores psicosociales se esfuerzan para encontrar un hogar temporal con familiares que quieran cuidar de ellos o en casas de acogida. Ésta no es una labor fácil debido principalmente a la situación económica de las familias y el gasto adicional que supone cuidar a más niños o el miedo de contraer la enfermedad o a que se les asocie con ella. Muchas veces hace falta una mediación particular y apoyo económico para alimentos, gastos escolares y para otras necesidades básicas. El tipo de ayuda se determina en función de las necesidades más urgentes de cada niño o familia.

“El número de niños que han quedado huérfanos o solos sigue creciendo tan rápido como la propagación de la enfermedad”, lamentó Edouard Beigbeder, representante de Unicef RDC. “Los cuidados, la asistencia especializada y los recursos para estos niños tan vulnerables deben mantener ese mismo ritmo”.

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