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  • “Lo que uno aprende, en el oficio poético, es a traducirse a sí mismo”

    No es fácil a estas alturas del vértigo humano encontrar una poeta en la que el lenguaje se dinamite para ensancharse, que sea el lenguaje mismo quien se escriba, que la palabra (en la órbita romántica tantas veces) convoque aquello otro, lo que no encuentra un ensamble adecuado y es hermoso por la arista. Así Rosa Lentini (Barcelona, 1957).

  • “Antes había más respeto, más dudas, más vergüenza al decir que eras poeta”

    Jam sessión. Encuentro informal en el que preside la improvisación. Se aplicaba, en origen, a los encuentros de músicos de jazz, tan proclives a lo espontáneo, a la contingencia. Poco a poco, este concepto ha ido calificando distintas disciplinas. Por ejemplo, la poética.

  • La palabra poética: ese lenguaje otro

    Durante algún tiempo, sentí un temor similar al que Rainer María Rilke tuvo cuando Lou Andreas Salomé le propuso analizarse con Freud. Rilke le contestó a Lou Andreas: “Temo que, si me quitan mis demonios, se puedan morir mis ángeles”. Efectivamente, aparece aquí el miedo a que eso que denominamos coloquialmente inspiración del artista, desaparezca al “sanar” éste en un análisis.

  • Damnatio memoriae o la deriva del recuerdo doliente

    La condena de la memoria. Con esta expresión latina, en latín, damnatio memoriae, el poeta Pedro Alcarria y el collagista José A. Ortiz pespuntaron una bellísima plaquette en torno a eso mismo, a la ferocidad con la que el recuerdo se aferra a la piedra para quedar inscrito en un parasiempre tantas veces imposible.

  • “La sed es una cualidad de los vivos”

    Abril en los inviernos (Chamán ediciones) resulta el fruto de un compás de soledad y espera, encanijado de alharacas, ascético en sus formas, desnudo, silente, contenido.

  • “La belleza puede ser tan insoportable como la verdad”

    Refugio en el vuelo (Chamán ediciones), de Pedro Sánchez Sanz (Sevilla, 1970), es un poemario encalado de un sosiego contenido desde el que contemplar lo otro en un intento hermoso por comprenderlo. Hay silencio y sospecha, observación y deseo de nuevos abecedarios. Prosa en vuelo lírico y poema stricto sensu.

  • “¿Hay algo más impenetrable que la transparencia?”

    Vindicando el lugar en el que el místico Miguel de Molinos escuchó su condena "por inmoralidad y heterodoxia", un 13 de septiembre de 1687, y convirtiéndolo en lugar poético, Luis Moliner (Lumpiaque, Zaragoza, 1949) reúne sus veinte años de versos en Sopra Minerva. 1998- 2018 (Adeshoras editorial).

  • “Somos las palabras que habitan en nosotros”

    En la orilla de las cosas (Vaso Roto). Con este poemario, la mejicana Gabriela Riveros (Monterrey, 1973) se detiene en el borde para zurcir, con mirada oblicua, sinuosa, justa –en la medida que se puede serlo- un pasado ya fijado en piedra, inamovible.

  • “La belleza de un poema no reside en lo que dice, tampoco en cómo lo dice, sino en lo que hace”

    Un discurso republicano (Libros de la Resistencia). Con este título –tomado de una reflexión de Schlegel-, el poeta y crítico literario Miguel Casado (Valladolid, 1954) reivindica el carácter político de toda escritura poética, la escritura como manera no sólo de estar en el mundo sino de reinventarlo. De combatir (lo).

  • “Pobre del que piense que para ser músico solo hay que estudiar música”

    Cavalo Morto. Con este título, sacado de un poema del brasileño Lêdo Ivo (que sale en las antologías con cara de loco), Amancio Prada (León, 1949) ha musicado los versos de Juan Carlos Mestre, alumbrando un disco forjado de lo bello y su nana, como si transcurriera en la región de un sueño de estrellas imprudentes cuyo sismógrafo –la voz de Amancio- mide mundos.

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