Compartir en redes sociales

Varela

Entrevista

11 Sep 2019

Javier Varela, escritor

“Para d’Ors, Jesús es un anarquista; otra cosa es la Iglesia Católica, cuyos valores abanderó durante toda su vida”

Esther Peñas. Fotos: Jorge Villa / Madrid

Javier Varela (Madrid, 1952), Doctor en Ciencias Políticas y Sociología, es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UNED. Ocupó la dirección de los centros de la UNED en Guinea Ecuatorial, del Museu Valenciá de la Ilustració y la Modernitat, y es autor de numerosos libros, sobre Jovellanos, Pedro Salinas, Blasco Ibáñez, Azorín. Asimismo ha publicado sus investigaciones sobre las Cortes de Cádiz, los intelectuales y el “problema español” o la crisis de la conciencia nacional en torno al 98, entre otros.

Su texto sobre Xenius, Eugenio d´Ors (1881-1954), en RBA, obtuvo el Premio Gaziel de biografías y memorias. Sobre este personaje, alejado del concepto del arte por el arte, impulsor de la renovación estética y política que supuso el Novecentismo, catalanista furibundo, españolista vehemente, detestados por unos y ninguneado por otros, hablamos con Varela.

¿Qué diría Xenius de esta biografía?

Le gustaba que lo adularan, empezando por José Luis López Aranguren, por entonces joven católico, de Ávila, recién licenciado, que hace la primera biografía de su maestro; d’Ors le abriría el mundo social e intelectual, fue fundamental para Aranguren; esa biografía, que expurgó en sucesivas ediciones, cayó en ciertas exageraciones, como cuando afirma que d’Ors había encontrado un sistema filosófico -¡nada menos!-. Fue sensible a la adulación toda su vida, él era el magister, en Cataluña más que en Madrid, porque la experiencia como maestro en Madrid no terminaba de cuajar. Todo esto para responderte que no le gustarían algunas cosas de esta biografía, en especial la parte más despegada, la más crítica. Tampoco le hubiera gustado que subraye el papel importante que tuvo como definidor de la cultura del primer catalanismo político, su enorme contribución al nacionalismo catalán triunfante, algo que después trató de orillar.

Una vez concluida la investigación, ¿qué tal se lleva con el personaje?

Le tengo simpatía, la tentación, el pecado de todo biógrafo es hacer apología, peor, una hagiografía, es algo muy común en el mundo académico, en el que la gente suele especializarse en un autor. No es mi caso. Me parece un buen escritor, mejor en catalán que en castellano, un creador de aforismos formidable. Admiro al escritor, sin duda. Pero el personaje me resulta antipático en otros sentidos, por su egolatría, por esa farsa que acaba convirtiéndose en naturaleza, ese modo de hablar susurrándose a sí, esa permanente puesta en escena, ese referir el mundo entero a su persona, sus posiciones políticas… Pero es un autor digno de ser leído, un magnífico escritor. Lo demás es secundario. 

Pudo ser otro, Pla, Ortega… ¿por qué d’Ors? 

Casualidad. Publiqué un libro en Taurus, Los intelectuales y el problema de España. Cuando lo terminé, la editora me dijo que había que reducir la extensión, y en lugar de hacer una poda general quité un capítulo dedicado a d’Ors, porque pensé que, en un futuro, esas sesenta páginas podían ser el germen de un libro. 

¿Fue para tanto la aportación intelectual de d’Ors?

Javier Varela, escritorHabría que diferenciar entre el d’Ors que se pretende filósofo, creador de un sistema de filosofía, algo que, como apunté, reforzó Aranguren al sistematizar las miles de glosas dispersas, de escasa importancia, del grandísimo escritor que resulta. El d’Ors de su época en Barcelona influyó mucho en las jóvenes generaciones nacionalistas del primer tercio del XX. Raro es el día que no aparecía una glosa suya en la prensa. Cuando se traslada a Madrid su influencia aumenta en los jóvenes de derechas, Ridruejo, por ejemplo, en el ámbito del nacional catolicismo. De hecho, es el escritor más influye en José Antonio, no tanto Ortega como d’Ors. El nacionalismo joseantoniano, ese nacionalismo de juansintierra, esas ideas de unidad de destino, son fórmulas d’Orsianas.

José Antonio, aunque sea casi temerario apuntarlo, era también un espléndido escritor.

Sí, desde luego, hay un artículo de José Antonio, La gaita y la lira, ejemplo d’Orsiano, que habla del terruño y la autoctonía (la gaita) y el clasicismo, el universalismo clásico (la lira). Esa manera de mirar pertenece a d’Ors, que es quien introduce el clasicismo y que influye en pintores como Torres-García, autor de las pinturas de salón sant Jordi en la Generalitat de Cataluña; no sé si Torra es consciente de eso... 

Tengo la impresión de que no ha quedado tanto legado de d’Ors como de otros pensadores, como Zambrano u Ortega…

De Zambrano no tengo buena opinión, me parece una ilusa. Ortega, es cierto, mantiene su influencia. Además, era otro magnífico escritor. Había cierto pique entre Ortega y d’Ors, ambos pretendieron erigirse en crear sendas magistraturas intelectuales, Madrid y Cataluña, ambos lo lograron. En los años 40, cuando España ya está decantada del lado de los vencedores, en la famosa conferencia que ofrece Ortega en el Ateneo, por cierto, mientras llovía a mares, aquella en la que comienza diciendo que España disfruta de una salud insultante, hay una foto que recoge el momento en la que se ve a d’Ors mirando con una gravedad… Hay una rivalidad con clase entre ellos, con momentos de deferencia, sobre todo cuando d’Ors trata de acomodarse a Madrid; capitán le llama Ortega. 

Ambos, asimismo, eran unos dandis…

Y unos donjuanes. 

¿Resultó fácil, en el caso de d’Ors, pasar de una cosa a su contraria, de ser un nacionalista catalán a un nacionalista español?

No es tan contraria, aunque tampoco es exactamente lo mismo. Lo que nunca fue d’Ors fue fascista. Él estaba más cerca del nepotismo ilustrado, del catolicismo autoritario, le atraen figuran paternalistas…

¿Como Pétain?

Sí, Pétain, Prat de la Riba, tan comprensivo hacia el escritor, hacia sus manías, hacia su necesidad de independencia; hizo funcionarios a todos los intelectuales. Los mitos que d’Ors creo, el imperio, fundamentalmente aparecen ya en Cambó. Para d’Ors España abarca Portugal, aquellas posesiones mediterráneas, las del norte de África, en fin, la fórmula imperial. Nunca fue un simpatizante de la democracia liberal, es tan cierto como que esos mitos que propone pasan a incorporarse a la extrema derecha, a falange. Fíjate en los periódicos que escribe, ABC, Debate -de la CEDA- y Arriba. Su etapa catalana y la madrileña no son lo mismo, pero hay muchos puntos en común, la ruptura no es tan enorme como pueda pensarse. Aunque reconozco que hay un poco de mala uva por mi parte en subrayar cierta continuidad. 

Luego, ¿no se traicionó?

No, creo que quienes le traicionaron fueron sus discípulos, fue muy maltratado por la gente que le debía mucho, que se formó con él, lo dieron de lado no reconociendo lo que se le debía, fueron cesándole de sus cargos… en fin, lo que vemos hoy en día en el nacionalismo catalán, que si no piensas como ellos te consideran un traidor.

Un católico particular, Xenius…

Y tanto… de católico... poco, a lo Maquiavelo, si acaso, era católico por los beneficios que tiene el catolicismo para el orden social, pero hombre de fe… no.

Un catolicismo más estético que otra cosa…

Sí, más de pompa y liturgia; estudió la renovación litúrgica, le interesaba mucho, así como la Iglesia Católica, pero no es un hombre de fe, para d’Ors Jesús es un incurable romántico, un anarquista; otra cosa es la Iglesia Católica, con su universalismo, su clasicismo, su orden, los valores que abanderó durante toda su vida, en ambas fases. Era un católico romano, pero no hombre de fe. Aprecia la religión, como Maquiavelo, como instrumento de gobierno.

¿Y ese interés por los ángeles?

Ya… de dónde viene, es casi una manía… trataba de personalizar en el ángel la arquitectura psicoanalítica del superyó, de ese ser superior; sí, hay una fijación estética en el ángel, que viene a ser encarnación de la personalidad mejor, del ego mejor, llevado al extremo. Vivía, en la calle Sacramento, rodeado de ángeles. 

¿Le hubiera gustado el ángel de Klee?

Cualquier ángel le llamaba la atención.

A su juicio, ¿cuál es la mejor obra de Xenius?

Es que construye sus libros con recortes, a partir de sus glosas, algunas maravillosas; se pueden leer por internet, están todas digitalizadas. Azorín también conformaba libros a partir de sus artículos de periódico, Ortega lo hizo en alguna ocasión. D’Ors es de esto y aquello… La bien plantada o Tres horas en Museo del Prado, libro curioso porque se ha editado más que La bien plantada (la última edición es de Tecnos), y guarda una estética de la acción francesa, de los monárquicos autoritarios franceses, además es un libro todavía muy cercano a la época catalana, con muchas afirmaciones derogatorias sobre lo español, a ese “desarreglo incurable de los íberos”.

¿Con d’Ors sucede lo que con otros que estuvieron en tierra de nadie, Jardiel Poncela o León Felipe?

Más que cualquier otro, si hay alguien que estuvo (o está) en tierra de nadie es Blasco Ibáñez… lo que pasa es que d’Ors es odiado en Cataluña, donde sigue siendo un maldito. Hace años, se hizo una exposición en el Instituto de Estudios Catalanes sobre la memoria del catalanismo y no estaba d’Ors, fue como el borrado de la foto de Troski. A este se añade el hecho de que la derecha actual lee poco, es un tanto inculta, y mantiene cierto sesgo antintelectual, y d’Ors ha caído de ese lado, del lado de las derechas.

¿Cómo era la camarilla intelectual que se movía con él, cuál el entramado afectivo?

Tuvo una en Cataluña, bien trabada, una relación de devoción, con costumbres que trata de repetir en Madrid, como que le acompañen a casa por la noche. En Madrid se convierte en un hombre de tertulia, porque es en las tertulias donde se desarrolla la vida intelectual madrileña de posguerra, el único reducto de libertad. D’Ors tenía muchos seguidores en el Café Lion.

¿El que estaba emplazado en la calle Alcalá?

Justo, enfrente de la Telefónica, ahora es un pub irlandés; yo lo conocí cuando era estudiante. Lo de d’Ors en Madrid no llega exactamente a camarilla; así como en Barcelona se rodea de gente influyente, al menos todos con cargos, no sucede así en Madrid. Gente como Serrano Súñer es incapaz de rebajarse para asistir a estas tertulias, son ambiente, de alguna manera, más bohemios. 

¿Qué relación tuvo con la Generación del 98?

Mal, aunque con el tiempo enmienda algunas relaciones; mejor con Azorín, el crítico más amable de todos, rara vez hay un artículo suyo hostil (¡salvo, ahora que recuerdo, varios contra Blasco Ibáñez, sí, demoledores!). Mal, se lleva mal con ellos. Se enmienda un poco después, por el sentimiento anticatalanista de ambos, acuérdate de eso que decía Unamuno de que Cataluña, Barcelona, no era sino “arrabal de Tarascón”. D’Ors se lleva bien con la Residencia de Estudiantes, es como su hogar.

¿Qué se aprende haciendo biografías?

Me encanta hacerlas, aprendo mucho de la naturaleza humana. Ahora he estado de viaje a Venezuela y me he llevado Vidas paralelas, de Plutarco, la de Catón o la de Pirro son una maravilla. Decía Gramsci que no se puede saber sin comprender.

Inmenso escritor marxista, Gramsci, muy en boga de nuevo, a día de hoy…

Sí… me gusta mucho la labor de investigar las fuentes, de ir a los archivos… es una afición personal. 

Por cierto, ¿cuál es la situación en Venezuela?

Cada vez peor, se han triplicado los precios, hay enormes colas para echar gasolina, de dos, cuatro horas y hasta de días enteros en el extremo de Maracaibo, con apagones constantes, se va internet… no llegan para comer… Tiene un gobierno de gánsteres que se han embolsado un dineral…

 

(Entrevista publicada en el Cermi.es 357)