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Prada

Entrevista

19 Jun 2019

Amancio Prada, poeta y músico

“Pobre del que piense que para ser músico solo hay que estudiar música”

Esther Peñas / Madrid

Cavalo Morto. Con este título, sacado de un poema del brasileño Lêdo Ivo (que sale en las antologías con cara de loco), Amancio Prada (León, 1949) ha musicado los versos de Juan Carlos Mestre, alumbrando un disco forjado de lo bello y su nana, como si transcurriera en la región de un sueño de estrellas imprudentes cuyo sismógrafo –la voz de Amancio- mide mundos.

No es la primera vez que trabaja con textos de Mestre. ¿Qué tiene su poesía que despierta su querencia?

Tampoco me he parado a pensarlo… hay una reacción… leo mucha poesía y alguna me interesa, otra me interesa menos, algunos poemas me entran, otros no… algunos me entran tan hondo y de una forma tal que eso que lees se convierte en una semilla dentro de ti que aflora, florece o renace convertida en canción. Por qué ocurre, es un misterio… te tiene que emocionar hasta ese extremo, sentirla como si el otro poeta hubiera sido el instrumento para expresar lo que tú sentías y no acertabas más que a balbucir.
Luego esa entonación… hay algo que como músico intuyes, además de esa resonancia, y sientes las ganas de cantarlo, de hacerlo más tuyo. Al ponerle voz y música confías en que ocurra algo parecido a la imaginen de Conde Arnaldos, con aquel cantar, ese poderío mágico: “al mástil vienen posar/ los peces que andan al fondo/ arriba los hace andar”. Como con este romance, la poesía se convierte en canción. He notado que cuando das con la música de un poema aumenta intensifica su emoción, hace más aclaro su pensamiento y llega más directamente al corazón. Por decir algo. 

El poema ¿escucha o nos habla?

El poema nos habla en primer lugar y cuando… ah, claro… hay un proceso… es que nunca había reflexionado sobre esto… ese proceso de musicar, previo a cantarlo… el poema ya cuando empieza con vocación a balbucir se escucha también, escucha y te dice. Te dice si vas bien o vas mal. Despertar la música acallada provoca un diálogo, el poema también tiene mucho que decir, te dirá si está cómodo con la melodía que tú intentas cantarlo. Por ejemplo. En definitiva, al final no se trata tanto de añadir música al poema como de extraer la música del poema. ¿Cuál es esa música? Eso es lo que una vez más no sabes, no hay un método, no hay una fórmula para dar con ella… pero sí te das cuentas de pronto, y a veces es un verso solo el que se rebela con la música adecuada y a partir de ahí tiras de ese hilo de luz. Es una alegría inmensa cuando un poema se ha convertido en canción y lo cantas. Hay que ser muy exigente; a veces es un proceso fácil, pero si no lo es en cualquier caso tiene que parecerlo, un proceso paciente, tienes que darle más de tres o de trescientas vueltas, a sabiendas por otra parte que una canción no se acaba de cantar nunca, porque uno no se baña dos veces en la misma canción, y es hermoso que sea así, la canción no es una obra cerrada, ni el poema.

La canción, como el poema, siempre está inaugurando algo…

Sí, esa es la palabra, inaugurar, cada vez que cantas una canción tú eres distinto, y el escenario, y el público. Un pintor acaba un cuadro, lo entrega, y ya no puede intervenir en él. Pero el músico puede incidir y reincidir en ir cantando esa canción como le sale en cada momento, y te aseguro que hay canciones que tienen muchos años y, de pronto, por un fraseo, un acento, una palabra a la que le encuentras otro sentido, te das cuenta de que no estaba terminada, de que hay que cantarla de una manera diferente, y seguirá variando. Pero es una imagen de la vida misma, porque la vida nunca está acabada, hasta que te mueres. No se trata de repetir lo que has vivido sino que estás abierto al no saber y, como diría el maestro García Calvo, “mi no saber es toda mi esperanza”.

Grabó el disco en el Museo de Instrumentos de Urueña, allí donde Luis Delgado. ¿Hasta qué punto el lugar es importante para aquello que se hace?

Es importante y todo influye de una forma tan sutil que no lo puedes configurar como tú quisieras. Es muy importante el espacio, que no tiene por qué ser un gran estudio, hoy ya no hace falta, basta un buen micrófono, un ordenador y buenos músicos, también importa tu estado del ánimo, el técnico de sonido, para mí el técnico es importantísmo porque es mi interlocutor, por eso me gusta trabajar con Luis Delgado, porque es músico y son muchos discos los que hemos hechos, tiene un criterio técnico pero también artístico… cuando grabas tú es difícil meterte y salirte para tener cierta objetividad a la hora de juzgar si lo has hecho bien o mal. Además, grabar un disco me pone muy nervioso, grabo porque es la única manera de pasar página y pensar en el siguiente trabajo, pero hacer una foto fija de algo en continuo movimiento me incomoda, prefiero no pensar en ello… es como resumir en un único fotograma una película que te ha llegado hondo… sí, tenemos el cartel, que suscita, que sugiere, que de alguna manera resume, que da alguna pista, pero no es lo mismo… Y a este se une que cuando entré a grabar este disco no sabía cómo iba a acabar, tenía clara la melodía de las guitaras y algunas frases para el acordeón o violonchelo, pero una vez escuchaba lo grabado sugería otras voces, otras melodías, nunca había trabajado así. Grabamos no tocando una partitura sino labrándola. 

Labrar es un verbo campesino. Delirar, también. Delirar, etimológicamente que etimológicamente significa salirse del surco (lira). Por lo que me cuenta, este disco tiene mucho de delirio…

Qué bonito esto que me dices… sí, mucho, porque no tenía configurado todos los sonidos que quería, no estaban labrados, asumí ese delirio. Te diré que quizás es el disco más delirante en ese sentido y, por otra parte, diría que es el mejor disco que he hecho en mi vida.

¿Tanto?

Sí.

¿Los recuerdos hermosos son fugaces como ardillas?

Habría que preguntárselo al poeta pero sí, todo es fugaz, y los recuerdos hermosos son fugaces, pero recurrentes. 

¿Cuándo el amor que termina dejar de existir?

Lo que no se termina es el amor, se puede acabar, como todo lo que nace y crece y se engalana y luego se marchita, pero renace de otra forma, en otra tierra, en otro cuerpo, en otros ojos. 

Pienso en Canción de los que huyen. ¿De qué hay que huir en la vida?

Hay que huir de la monotonía, de la pereza… no hay que rendirse, huir de rendirse, de la rendición… pero sobre todo hay que huir de la conformidad, no sólo en el arte sino en la vida. Y hacer de la vida el arte.

Ese pensamiento es muy surrealista…

Sí, sí lo es. Sabiendo, además, que siempre habrá una frustración, pero la frustración es el motor mientras el artista sea capaz de imaginar las cosas mejor de lo que es capaz de hacerlas. 

Este capitalismo feroz, ¿todo lo ha envilecido?

No creo… en algunas cosas sí, pero no más que antes, pero qué es el mundo… 

Como poeta, ¿qué le parece este intento de dinamitación de la poesía, este sucedáneo de twiteros y blogueros y qué sé yo que venden libros como rosquillas de algo que algunos llaman poesía…

Estoy a favor de que el poeta salga a la calle y eso quiere decir darle voz a lo que escribes, por eso nunca he entendido a los poetas que no conocen sus versos, porque no es lo mismo leer un poema que decir un poema, como no es lo mismo el músico que toca detrás de un atril que el que no tiene nada delante e interpreta la música. Tengo la sensación de que los poetas otras generaciones, como la de Federico García Lorca salían más a la calle, asumían esa responsabilidad, por lo menos algunos, y celebro esa actitud, es buena para el poeta porque te ayuda a confrontar lo que estás diciendo con el otro, ves qué ocurre, qué resonancia provoca, qué reacción, y también es bueno para el espectador, que habrá de discernir lo que escucha, sentir cómo se posa dentro y qué cosas pasan de largo. 

Al escuchar sus discos tengo la sensación de que están emparentados con lo sagrado…

En el sentido de que contienen lo más sagrado que puede tener cada uno, la vida, la vida como un templo donde se conjugue la bondad con la belleza, eso que es tan fácil de pensar o de referir al arte se debería a referir a todo, un trabajo bien hecho guarda algo de utilidad y un poco de belleza, hacer un vaso, cualquier cosa, todos podemos y debemos poner alma, corazón y vida en aquello que hacemos, sea una hogaza de pan o un programa informático, una poesía... Ahora bien, lo sagrado… hay algo que no sé si conduce o si conlleva lo sagrado que es la vocación. Cuando alguien tiene la fortuna de hacer aquello que es su vocación implica una cierta plenitud. Y yo la tengo, también es cierto que a costa de estar fuera del mercado musical. Eso es importante, hacer lo que crees que debes hacer al margen de la opinión de los demás, del éxito o del fracaso. Siempre he sentido el cantar como vocación, estaba rodeado de cantares, mi madre, mi padre, mis hermanos cantaban, cantábamos juntos, y seguimos haciéndolo cuando nos juntamos. Es una vocación. Hago canciones como un manzano da manzanas. ¿Qué tipo de manzanas? Depende de muchas cosas, como hemos hablado antes, de la savia, del injerto, del aire, de la tierra, del humus…

Hoy en día se canta menos; recuerdo cuando era niña las distintas tonadas que podían escucharse por el patio de luces. Hoy es extraño incluso cruzarse por la calle con alguien que vaya cantando…

Tienes razón, muy poca gente canta, me da mucha alegría cuando te cruza s con alguien que tararea, tan extraño incluso eso hoy día, también en mi infancia se cantaba siempre, no solo por ser fiesta, cuando se iba arando, cuando se llevaba a las vacas a pastar, se cantaba siempre, una tonada, una salmodia. 

María Zambrano nos recordaba que el corazón es el único órgano del cuerpo que emite música…

Es importante el corazón, mueve más, pero la cabeza alumbra. Y las manos. 

Las manos labran…

Las manos labran… ¿qué es lo que hay en una canción? Todo lo que has vivido, lo que has visto, lo que te han contado, lo que has sufrido y gozado… qué importante es en la formación de un músico no solo la música, sino ver exposiciones, ir al cine, leer, conocer la historia… todo enriquece, todo acaba aflorando, a veces después, no tarde, pobre del que piense que para ser músico solo hay que estudiar música… con eso ya contamos… claro que también nos encontramos con misterios…

Kant apenas salió de su pueblo, Pessoa de Lisboa y Dickinson ni siquiera casi de su casa…

Sí, sí, ¿ves? Como decía Machado, nunca estoy más cerca de pensar una cosa que cuando digo la contraria…

¿Qué es la belleza para Amancio Prada? 

No sé hasta qué punto es subjetiva, pero la reconoces. Para mí la belleza implica emoción y admiración, cuando algo te resulta admirable y emocionante es bello; a veces es fruto del pensamiento, del trabajo, de la obstinación y otras está en la propia naturaleza de forma completamente gratuita (Amancio me muestras distintas imágenes tomadas con el teléfono móvil de una planta que encontró por el campo: una  planta con unos zarcillos que se han agarrado a una rama para tener dónde sujetarse; ese zarcillo crea como un muelle para que si el viento mueve la rama ceda y no pierda y su sustento). Reconocer la belleza… pero ¿qué es la belleza, dónde está, en el objeto, algo es bello por sí mismo, por qué entonces a uno sí se lo parece y a otros no? La belleza ¿es lo que se tamiza en el tiempo..? No sé lo que es la belleza. No lo sé, Esther.

Un amanecer, un atardecer son bellezas ecuménicas…

Sí, sí, la belleza de la naturaleza… un campo de amapolas.. sí, por ahí… Somos indiferentes por la costumbre, cuando vivía en Segovia, un amigo mío pintor, que nació allí, me decía que envidiaba a la gente que, ya de mayor, veía el acueducto por vez primera, porque él no tenía el recuerdo de esa primera vez… Los ojos de la costumbre acaban por ser ciegos, hay puertas o aldabas en algunas puertas humildes que son bellísimas… Hay a quien, por ejemplo, no le parece bello el invierno…

Pero con ese predicamento austero, es un momento en el que la vida se está gestando bajo tierra, de recogimiento, con su olor a lumbre…

Y tantas otras cosas, Esther, la niebla, la lluvia, los cielos fríos… pero Tagore decía, a propósito de las estaciones, que la belleza no está en la primavera, ni en el otoño, el invierno o el verano, sino en la sucesión. Te conmueve más la primavera porque viene después del invierno, y el otoño porque viene tras el verano, y ese ciclo es muy hermoso.

Tienen, las canciones, la cadencia de nanas, que acunan casi el alma. ¿Sueña mucho, Amancio Prada?

Ah… Chicho Sánchez Ferlosio, sobre un poema de García Calvo, cantaba aquello de “El mundo que yo no viva/lo pensé como cosa extraña,/como arca de maravilla”. Todo lo que existe, tú lo sabes, alguien antes lo ha imaginado. Hacer las cosas no es difícil, lo difícil es imaginarlas, la imaginación no sé si se puede labrar o si es algo… 

¿Un don?

Claro… un don, como el sentido melódico, eso es un don; el sueño, la imaginación de que estás haciendo pero no es lo que tú querías, de que se aproxima pero… no es… esa imaginación. Claro, qué interesante esto que planteas, pero no sé cómo sucede… ¿La imaginación en un pintor es ver el cuadro antes de pintarlo? El cuadro se va haciendo a medida que se pinta, como un poema cuándo se escribe. Somos instrumentos, médiums… volvemos al misterio que te lleva y tú no tienes más que andar por ese camino en la confianza de que vaya creciendo y de dejar buenas huellas en el camino dado.