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Objetivo de una cámara de fotos. En el fondo un mural de imágenes.

6 Feb 2009

Once, 70 años mirando por los ciegos

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La ONCE ha cumplido 70 años. Durante siete décadas esta organización ha hecho grandes avances apoyando a las personas ciegas a la hora de integrarse laboralmente y de lograr una mayor autonomía personal y social.


No querían vivir de la caridad. Querían tener dentro de la sociedad el lugar que les correspondía. Ni más ni menos. Aportar. Demostrar que una persona ciega es capaz de hacer mil y una cosas. Como cualquiera. Y lo han logrado. Prueba de ello está en los frutos que han dado los setenta años que la ONCE lleva trabajando para alcanzar la integración laboral y social de las personas ciegas y con otros tipos de discapacidad.

Los orígenes de esta organización se remontan a 1938, cuando un grupo de personas ciegas se unieron para buscar el método de ganarse la vida y no vivir de la beneficencia. Así, consiguieron una concesión estatal para la venta de lo que entonces se llamaba cupón prociegos. "La organización apostó por un modelo de integración de las personas a través del trabajo y de la prestación de servicios sociales, porque es un modelo que enriquece a la sociedad", explica Javier Domínguez, presidente del Consejo Territorial de la ONCE en Euskadi. Apostó y dio en el clavo. Hoy día esta organización da empleo a 118.000 personas en todo el Estado y a 8.000 en el País Vasco, de las cuales un 80% tiene algún tipo de discapacidad. "Estamos viviendo un momento en el que las empresas tienen una gran dificultad para mantener a sus empleados", señala Domínguez. "En este año tan complicado que ha sido 2008 nosotros hemos sido capaces de crear empleo", destaca. Así lo demuestran las cifras: el pasado ejercicio la organización creó en todo el Estado 3.600 puestos de trabajo, 112 en la CAV.

Analizando la evolución de esta organización se puede comprobar que a principios de los años 80 experimentó un momento clave. En la ONCE se celebraron unas elecciones en las que por primera vez las personas ciegas tuvieron ocasión de elegir a aquellos que llevarían las riendas de la entidad. Se tomaron entonces una serie de medidas que incrementaron sus ingresos, como la unificación en un solo sorteo de todos los sorteos provinciales, lo que permitió ofrecer mayores premios y ofertar un producto más atractivo. Ya en 1988 nació la Fundación ONCE con objeto de atender a otras personas con discapacidad diferente a la ceguera. Esta fundación se centra, entre otras cosas, en proveer de empleo a este colectivo y en eliminar barreras físicas arquitectónicas.

Se podría decir que hoy día, en cada plaza, en cada barrio, hay un vendedor de la ONCE. Estas personas, desde sus cabinas o con las inconfundibles tiras de cupones pendiendo del pecho, han pasado a formar parte de nuestro día a día. Muchas veces hasta sabemos su nombre, ellos el nuestro, y entre saludos amistosos y conversaciones de media mañana nos venden un pedacito de suerte y esperanza. "Ésa es la parte más conocida de nuestra labor, pero es muy importante que el ciudadano sepa qué hace la ONCE con esos recursos que proporciona la venta de los diferentes juegos: el cupón, los rasca, el 7/39...", afirma Domínguez. "Nació para dar empleo a las personas con discapacidad visual pero también para ofrecer servicios que palien esta discapacidad, para poder ser integrados socialmente y para lograr ser más autónomos y hacer una vida lo más normal posible", añade.

Y es que el día a día plantea muchos retos a las personas ciegas. Acciones tan cotidianas como leer el periódico, preparar la comida o dar un paseo por el barrio, pueden ser todo un desafío si no se cuenta con la preparación o las adaptaciones necesarias. Así, la ONCE ha ido incrementando sus programas y servicios de manera que hoy por hoy ofrece además del apoyo al empleo, apoyo a la rehabilitación, a la autonomía personal, escuela de perros guía, desarrollo de biblioteca Braille y sonora...

La educación es uno de los ámbitos donde esta organización hace especial hincapié. Esta entidad cuenta en Euskadi con 150 niños afiliados que están integrados en los centros escolares. "Tenemos un convenio con el Gobierno vasco por el cual los niños pueden estudiar en los centros más próximos a su domicilio", explica Domínguez. "Ya no se apuesta por una educación específica para las personas ciegas: buscamos una una educación normalizada e inclusiva" añade.

Hoy día el reto de la educación inclusiva es algo ya superado. Hoy las trabas son otras. Las barreras van cambiando a medida que cambian los tiempos, y paradójicamente son las nuevas tecnologías las que generan auténticos quebraderos de cabeza a las personas con problemas visuales. Por ejemplo, aunque existen programas informáticos que transforman en voz el contenido de páginas web, éstos no sirven de nada si dichas web no cumplen con las normas de accesibilidad, por lo que un ciego ve limitado su acceso a la información de un periódico o de una institución si éstos no tiene su sitio virtual adaptado. "El concepto ha cambiado. Antes la persona era la discapacitada y ahora es el entorno el que puede hacer discapacitada a una persona", concluye Domínguez, que aboga por una accesibilidad universal.