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  • Valentine Penrose o el hermetismo órfico del verso

    Valentine Penrose. Acaso no les diga gran cosa el nombre.

  • “Los versos de un poema tendrían que ser precisos pero no absolutos”

    Allí donde nombraste la estepa (Mochuelo libros). Bajo este título, el poeta Miguel Casado (Valladolid, 1954) zurce una antología personal para inaugurar la colección Ultramarina, de Mochuelo Libros. Lo cotidiano, la reflexión, el lugar o el viaje son condimentos asiduos en sus desvelos poéticos, pero más allá de los asuntos, la propia lengua.

  • Gálvez o el fluido lábil de lo imaginario

    Hay poetas lábiles. Escurridizos, si lo prefieren. Poetas que alumbran detrás de una inmensa roca y solo con suerte –o el vínculo del afecto- uno llega hasta ellos. Poetas que al menor descuido dejan de estar para habitar (se) al otro lado, hasta donde no se sabe muy bien cómo llegar. Y se nos vienen cuando menos se los espera. Así Javier Gálvez (Madrid, 1969).

  • “Nada dura más de un instante”

    Un poemario en el que la nostalgia se conforma en vaho que conjura el verso, verso cincelado con el cuidado de un orfebre. Así Alejandro López Pomares (Orihuela, 1983) en su poemario La soledad tras el ruido de fondo (Ars Poética), con prólogo José Luis Zerón.

  • “Guardar luto es no vivir”

    Florilegio de homenajes y gratitudes, indagación sobre nuestra esencia y sentido, cierta retranca, cierto cuestionamiento de la materia como desenlace absoluto, una disposición de reconciliarse con (también con el lenguaje). Todo ello –sin agotarse- es ‘Geografía del caos’ (Adeshoras), tercer poemario de Carlos González Algovia (Madrid, 1970).

  • “La poesía es uno de los más logrados juegos de la humanidad”

    Cadáver exquisito, poemas al alimón, renga, collage… hay diferentes maneras de denominar a ese delicioso juego en el que el poema se escribe con más de dos ojos, dos manos o una cabeza (inconsciente o no).

  • “La locura permitió a Alda Merini no solo relacionarse con su dolor, sino también con el dolor de los demás”

    La otra verdad. Con este sugerente título, Mármara publica un texto de Alda Merini (Milán, 1931-2009) en el que la poeta habla de sus estancias en distintos manicomios. Diario de una diversa, lleva por subtítulo. Diversa porque la Merini no era loca, ni amante dispuesta, ni irónica, ni madre, ni religiosa, ni extravagante.

  • “La belleza no se convoca, la belleza se encuentra”

    Imaginen una reunión a la que asisten (dinamitándola, por supuesto, desde las costuras del prodigio) Breton, Leonora Carrington, Mallarmé, Benjamín Péret, Dalí,  Duchamp, Hanna Höch, Ernst, Roussel, Aragon, Buñuel… Que de ese encuentro delirante (saliéndose del surco, como lo etimológico indica) se produce una doble transmutación simbólica: a collage, a objeto.

  • “La poesía es meditación íntima con el mundo y con retazos de un yo que no conocemos del todo”

    Hay escrituras que se van pespuntando el territorio simbólico y preciso del cuaderno. Escribir sobre un cuaderno tiene algo de movimiento musical y orgánico (el trazo con la mano) y algo de conversación con uno mismo en momentos intempestivos.

  • “La gran amenaza de la literatura viene del sentimentalismo barato, morboso y exhibicionista”

    Su prosa es elegante manteniendo la levedad que invocaba Calvino en sus propuestas para el nuevo milenio (acaba de obtener la XIII Edición del Premio Málaga de Novela por su obra Centroeuropa). Como ensayista, molesta porque no atiende a bobos escrúpulos del buenismo ni de la corrección política, mucho menos del cinismo.

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