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Niña con su hermano

Infancia

15 Dic 2020

Y otros nueve millones de menores sufrirán una pérdida de peso que podría ser letal

Más de 150 niños pueden morir de hambre cada día por la pandemia en los dos próximos años

Redacción / Madrid

La crisis de la Covid-19 ha puesto al mundo al borde de una crisis de nutrición, según el último informe de Save the Children. La organización estima que la desnutrición relacionada con la pandemia matará a un promedio de 153 niños y niñas al día durante los próximos dos años si no se toman medidas urgentes. Además, el número de casos de desnutrición en el mundo podría llevar a 9,3 millones de niños y niñas más a sufrir una pérdida de peso muy grave que puede provocar su muerte.

El impacto de la Covid-19 ha provocado un aumento de la pobreza, la pérdida de medios de vida y un menor acceso a los servicios de salud y nutrición, lo que ha elevado las tasas de hambre y desnutrición. En un nuevo informe, Save the Children recoge que la pandemia podría revertir años de progreso en la batalla contra la desnutrición, siendo la infancia en Asia y África Subsahariana la más afectada, especialmente aquella que vive en los hogares más pobres o en zonas de conflicto.

Incluso antes de que estallara la pandemia, muchas comunidades luchaban por proporcionar a los niños y las niñas suficientes alimentos saludables y uno de cada tres niños y niñas menores de cinco años sufría desnutrición. Casi la mitad de todas las muertes de este grupo de edad estaban relacionadas con la desnutrición. “Antes de la Covid-19 en la escuela nos daban comida todos los días. Espero que comiencen de nuevo pronto las clases”, cuenta Nassir, un estudiante de 12 años de la región somalí de Etiopía.

La ONG asegura que la crisis de la Covid-19 amenaza con exacerbar una situación que ya es terrible. El informe incluye nuevos datos del consorcio Standing Together for Nutrition y predice que, si no actuamos rápidamente, 168.000 niños y niñas más habrán muerto de desnutrición desde ahora hasta finales de 2022.

Michelle, una niña de 9 años de la República Democrática del Congo, ha hablado con Save the Children sobre su hermana Gloria, de un año, que sufre de desnutrición. Todos los días Michelle carga con su hermana y la lleva al centro de salud para recibir complementos alimenticios. "Mi hermana está muy delgada porque no comemos bien. Solo comemos una vez por la mañana y por la noche pasamos hambre. Llevo a mi hermana en mi espalda [a la clínica], porque quiero que vuelva a estar sana. Me gustaría comer dos veces al día, por la mañana y por la noche", explica.

Sin medidas urgentes, millones de niños y niñas más estarán en riesgo de sufrir daños irreversibles en su salud debido a la falta de alimentos nutritivos. Las comunidades vulnerables de todo el mundo ya afrontan una emergencia alimentaria extrema, ya que 11 millones de niños y niñas menores de cinco años se enfrentan al hambre por las guerras o el cambio climático. 

Solo en Yemen y según los datos recientes de la ONU, unos 16,2 millones de personas se enfrentarán a altos niveles de escasez aguda de alimentos a principios de 2021 como efecto del conflicto y el brote de la Covid-19. Esto incluye a 7,35 millones de niños y niñas, con una estimación de 21.338 en riesgo de caer en una hambruna.

Gabriella Waaijman, directora de Acción Humanitaria de Save the Children a nivel internacional, considera que, para acabar verdaderamente con la desnutrición y el hambre, hay que abordar las causas fundamentales de la aguda escasez de alimentos nutritivos. “Eso significa poner fin al conflicto global, abordar el cambio climático, construir comunidades más resilientes y garantizar que los trabajadores y trabajadoras humanitarios tengan acceso sin obstáculos a las comunidades más vulnerables. Invertir ahora puede prevenir estas muertes”, explica.

Para evitar una crisis nutricional en los próximos años, la entidad insta a los gobiernos y otras organizaciones a tomar medidas inmediatas. Entre ellas, se encuentran incluir a los niños y las niñas en las decisiones que los afectan, incluida la salud y la nutrición; asegurar la financiación, asumiendo compromisos flexibles y de largo plazo para abordar la desnutrición; preservar y ampliar la asistencia crítica en materia de alimentación, nutrición, salud, agua, saneamiento, higiene y medios de vida; y dar prioridad al apoyo humanitario en efectivo para las familias con el fin de aumentar sus ingresos familiares; entre otras.