Compartir en redes sociales

Burruezo

Entrevista

13 Feb 2024

Pedro Burruezo, músico y escritor

«Ibn Arabi es infinitamente más irredento, si se me permite la expresión, que los Stones o que los Sex Pistols»

Esther Peñas / Madrid

Pedro Burruezo (Barcelona, 1964) acostumbra a ofrecernos una música delicada, viva, de la que te lleva de la mano a territorios en los que todo tiene sentido. Lideró la banda ‘Claustrofobia’ y más tarda ‘Bohemia camerata’. Su propuesta ha intensificado el calado espiritual, siendo su último trabajo ‘Dervishes & Troubadours’, con dos formaciones, Burruezo & Nur Camerata + Wafir S. Gibril y Burruezo & Medievalia Camerata. Ahora nos sorprende con una novela en la que los seres periféricos pueblan las páginas tejiendo una sutil sabiduría que nos comparten, Auto-Sufí-Ciencia (Narrativa Mandala). El amor acompasa una pareja inverosímil (un gitano y una moza de alta alcurnia) en un viaje iniciático de consecuencias revolucionarias.

¿Qué nos enseñan los personajes que están en los márgenes?

Esta novela está dedicada a cuantos (sea cual sea su color, su cultura, su procedencia), por una razón o por otra, se encuentran en la periferia de la sociedad moderna. Para algunas personas, los locos son aquellos que no comulgan ni pueden comulgar con las principales ideas que sustentan a la modernidad y su pensamiento único. Pero la verdadera locura es asumir como propias las principales ideas sobre las que se asienta el mundo moderno. Los periféricos y los irredentos de la novela tienen muchas cosas que enseñarle a la sociedad de masas. Su principal motivación es de carácter espiritual y muy profunda. Ellos realizan un viaje iniciático desde el dolor y la oscuridad a la luz y la templanza. Con ellos, yo mismo he aprendido resistencia, resiliencia, fe, sosiego a pesar de la tormenta y búsqueda de luz interior pase lo que pase en el exterior… 

¿Hasta qué punto el amor puede ser contemplado como una ciencia y de qué modo, si es que hay alguno, puede aprender uno en él?

Mahabbat, en árabe, significa «la ciencia del amor». Para llegar al amor verdadero, que no tiene casi nada que ver con el amor sentimental, hace falta seguir un protocolo. Cada tradición espiritual ha diseñado ese manual. Nadie puede llegar a pretender ser violín solista de la Filarmónica de Viena sin un cierto aprendizaje y las ciencias del amor, en este aspecto, no son ninguna excepción. Hace falta buscar, sumergirse, abandonarse, disciplina, fe, un maestro vivo, etc. E, incluso a pesar de todo ello, también hace falta contar con la gracia, con la aprobación del Misterio. Como ocurre en el arte, pues la técnica no lo es todo. Sin necesidad de llegar a la meta, simplemente estando en el camino, los beneficios son incontables. Pero para saborearlos hay que postrarse. La postración es, hoy, la rebelión más grande, como dice Angélica Liddell, y, al mismo tiempo, el grado más elevado de amor. El amor es una fuente de sabiduría. Del amor procedemos y a él estamos consagrados, como decía Ibn Arabi… El gran Amante, el Amado, el Misterio, es una fuente inconmensurable de amor.

Cubierta del libroAdemás de voluntad y trabajo, ¿hace falta el azar para llegar a ser quienes necesitamos ser?

No lo llamaría azar. Desde la perspectiva de la tradición espiritual primordial, el azar no existe. Todo está escrito. Como se dice en algún momento de la narración, ni una sola ola del mar llega a la orilla sin la voluntad de la Providencia. Pero lo que sí es cierto es que las enseñanzas que podemos extraer de los diferentes personajes de la novela tienen poco que ver, para entendernos, con lo que la mayoría de ciudadanos de a pie entienden por «enseñanzas religiosas». Digamos que, de alguna forma, los protagonistas y los secundarios de la novela transmiten un conocimiento misterioso y sapiencial, pero no hablan el mismo lenguaje que un cura al uso, dicho sea con todo el respeto hacia los curas al uso. Así es el sufismo. Parte de la esencia islámica: profundiza en una semilla, en unos orígenes, misteriosos, extraños, esotéricos. Conocimientos que se van perdiendo en Oriente, salvo en el caso de los sabios y sus allegados, pero que están renaciendo en Europa. ¿Y si, después de todo, el sol acaba saliendo por Occidente? Vivimos en los tiempos de Kali Yuga. Una era de una gran destrucción. Lo peor está por venir. Los personajes llegan a un alto grado de bienestar, pese a todo. Lo consiguen dejando los asuntos del mundo en las manos de la Divinidad. Justo todo lo contrario de lo que nos dice la publicidad, los medios, los partidos políticos, las empresas, los cantamañanas…

A lo largo de las páginas aparecen numerosos maestros (desde William Blake a Thoreau, pasando por Rachel Carson o santa Teresa de Jesús). ¿Cuáles serían los maestros de vida y de literatura para Pedro?

Tengo que decir que leo muy poca ficción, salvo excepciones. Casi nada. Me gustan, eso sí, aquellos ensayos valientes que se atreven a poner en tela de juicio las supuestas verdades de la modernidad. Y me gustan los libros de expertos que analizan cómo la modernidad destruye las sociedades tradicionales, la naturaleza, el futuro… Me encantan los ensayistas, novelistas y poetas que siguen, a pesar de todo, viendo el mundo con asombro. Como decía hace poco Pablo d’Ors, «prefiero la literatura que alumbra… a la que deslumbra». Vengo de un mundo antiguo. Vengo de un mundo mistérico. Me siento más próximo, salvando las distancias, de Mishima y de sus locuras que de cualquier novelista actual de esos de acción, intriga, etc. Si no se me hubieran cruzado los sufís, no sé dónde hubiera acabado… 

¿Qué banda sonora tendría esta historia de rebeldes?

Toda mi música (la mía) y la música que amo están en la novela. Y las cosas de la novela están en mi música. En cuanto a mis composiciones, sólo he hecho un pequeño cameo, pero está oculto. La banda sonora (muy presente en cada capítulo) está compuesta por mucho flamenco gitano, música andalusí, cantos gregorianos, Samuel Barber, Arvo Pärt, Bach… Aparecen personajes como Antonio Gades, Enrique Morente, Canut Reyes (de los Gipsy Kings), el gran Checkara, los “Habichuela” de Granada, Triana, Om Kolsoum… La música que suena en la tetería que regentan los protagonistas en Granada es la música de los astros celestes. Música directamente dirigida a los corazones… para hacerlos trizas.

La narración está articulada en una suerte de catecismo de desheredados. ¿Es posible, a día de hoy, vivir fuera del sistema o, al menos, no colaborar con él?

Sí. Totalmente afirmativo. Porque la ruptura con los dogmas de la modernidad no es algo principalmente exterior, sino íntimo. Los protagonistas de la novela, como yo y como tú, viven en su época. Hacen bastantes de las cosas que hacen sus coetáneos. Como yo y como tú y como la mayoría de la población. Sin embargo, en su alma, son irredentos, salvajes. Como lo fueron los antiguos profetas y los sabios y sabias desde el principio de los tiempos. No se someten a ningún poder temporal que no sea un reflejo de la luz divina más indefinible. Ibn Arabi es infinitamente más irredento, si se me permite la expresión, que los Stones o que los Sex Pistols, por poner un ejemplo de supuesta contracultura. De hecho, así es un aprendiz de sufí: come, defeca, trabaja, etc. Como la mayoría de la gente. Pero él aspira a que sus ojos sean los ojos de Dios; sus oídos, los del Cielo, etc. En todo cuanto hace, busca el agrado de la Divinidad. Eso, hoy, es una rebelión y un manifiesto properiferia. Todo esto dicho de otra forma: para vivir fuera del Sistema, no hace falta ser una tribu de no contactados amazónicos. Basta con repeler, en tu fuero interno, lo que da vida a la modernidad. Una cosa es que hagas algo porque te obligan a hacerlo y otra, muy diferente, es que lo hagas con alegría. Creyendo en la mentira.

El arte es uno de los ejes que atraviesa el libro. ¿Se puede vivir sin belleza?

Entronco con mi última respuesta. Un aprendiz de sufi, en no pocas ocasiones, utiliza las artes como forma de aproximación al Cielo, pues, como dice una tradición, «la Divinidad es bella y ama la belleza». El aprendiz de sufí busca, a través de la belleza, la adyacencia con lo divino, con lo sagrado, con lo inmaculado. Vivir sin belleza es como un río sin peces. Quizás es posible, pero es, incluso desde un prisma estético, grosero.

¿Qué nos ofrece como individuos la familia sanguínea que no nos pueda dar la comunidad de afectos que uno construye como familia alternativa, digamos, y viceversa?

Es muy difícil generalizar en este aspecto. No me atrevo. Para mí, desde lo particular, la familia lo es todo. La familia sanguínea, me refiero, con sus virtudes y sus carencias. Pero una familia no es suficiente. Los protagonistas de la novela forman una preciosa comunidad: una gran familia, hermanos y hermanas sufíes por todas partes, amigos y conocidos queridos, etc. Venimos de ahí: grandes familias, comunidades, redes de ayuda y consuelo y baracka. La moderniza nos atomiza, nos individualiza, nos cosifica.

El libro narra muchos hechos poéticos, recordando que la poesía, lo transcendente, brota allí donde apenas se lo espera. ¿Qué disposición de ánimo se requiere para recibirlo?

El amor, la dulzura y la trascendencia están por todas partes. Como decía Ibn Masarra de Córdoba, el cosmos entero es un libro que revela… para el que puede y quiere discernir. Diría que hoy, desgraciadamente, tenemos nuestras antenas prácticamente colapsadas y no somos capaces de sentir/descifrar/intuir los mensajes que verdaderamente importan, y que pueden llegar de maneras convencionales o estrambóticas. La tecnología, las redes sociales, los medios, la actualidad… nos embotan. Para aprender a captar esos mensajes hace falta silencio, contemplación. Tenemos que reaprender a comprender los lenguajes de Dios y de Su creación. 

El amor, ¿todo lo puede?

Ya lo creo. Te pondría mil ejemplos. Y, verdaderamente, muchos de ellos están en la novela. Y son capaces de remediar casos imposibles…